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"Recordaos de mis prisiones." — Pablo. (Colosenses, 4:18.)
En las infantilidades e irreflexiones acostumbradas, los creyentes recuerdan sólo la luminosa aureola de los espíritus santificados en la Tierra. Suponen muchos encontrarlos, fácilmente, más allá del túmulo, a fin de recibirles preciosos recuerdos. No aguardan sino el cielo, a través de reposo brillante en la inmensidad cósmica...
¿Cuántos se recordarán de Pablo tan sólo en la glorificación?
Entretanto, en esta observación a los colosenses, el gran apóstol exhorta a los amigos a rememorar las prisiones, como diciendo que los discípulos no deben estacionar el pensamiento en la previsión de facilidades celestes, y, sí, reflexionar, seriamente, en el trabajo justo por la posesión del reino divino. La conquista de la espiritualidad sublimada tiene igualmente Sus caminos. Es indispensable recorrerlos.
Antes de fijarnos en la corona resplandeciente de los apóstoles fieles, meditemos en las espinas que les hirieron la frente. Pablo consiguió alcanzar las culminaciones, entre tanto, ¡cuántos golpes de azote, pedradas e ironías soportó, adaptándose a las enseñanzas de Cristo, en escalando la montaña!...
– No mires, solo, la superioridad manifiesta de aquellos a quien consagras admiración y respeto. No te olvides de imitarlos adaptándote a los servicios sacrificantes a los que se consagraron para alcanzar los divinos fines.
Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier
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