|
"Y en el primer día de la semana María Magdalena fue al sepulcro, de madrugada, siendo aún obscuro, y vio la piedra removida del sepulcro." — (Juan, 20:1.)
No debemos olvidar la circunstancia en que María de Magdala recibe el primer mensaje de la resurrección del Maestro. En el seno de perturbaciones y desalientos de la pequeña comunidad, la gran convertida no pierde tiempo en lamentaciones estériles ni procura el sueño del olvido. Los compañeros habían quebrado el patrón de confianza. Entre el remordimiento de su propia defección y la amargura por el sacrificio del Salvador, cuya lección sublime aún no conseguían aprender, se confundían en actitudes negativas.
Pensamientos contradictorios y angustiados les laceraban los corazones. Magdalena, con todo, rompe el velo de emociones dolorosas que le embarga los pasos. Es imprescindible no sucumbir bajo los fardos, transformándolos, por encima de todo, en elemento básico en la construcción espiritual, y Mana resuelve no acobardarse, ante el dolor. Por que Cristo fuera inmolado en la cruz, no sería lícito condenarle la memoria bien amada al olvido o a la indiferencia.
Vigilante, atenta a sí misma, antes de cualquier satisfacción a los viejos convencionalismos, va al encuentro del gran obstáculo que se constituía el sepulcro, y muy temprano, precediendo al despertar de los amigos mismos encuentra la radiante respuesta de la Vida Eterna.
Rememorando ese acontecimiento simbólico, recordemos nuestras antiguas caídas, por habernos olvidado el "primer día de la semana", cambiando, en todas las ocasiones, el "más temprano" por el "más tarde."
Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier Extraído del libro "Pan nuestro"
|