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"No sepa tu mano izquierda lo que brinda tu mano derecha" es la lección de Jesús que constantemente nos sugiere la siembra del bien en forma oculta. Entre tanto, es preciso tener presente que si "No sólo de pan vive el hombre", la virtud no se alimenta solamente de recursos materiales.
Por encima del beneficio que se esconde, para mayor efectividad en el campo físico —de modo de no herir cuerpos enfermos o bocas hambrientas con los aguijones de la ostentación—, prevalece el amparo silencioso a las necesidades del sentimiento en la esfera del espíritu, a fin de que los tóxicos de la maldad y los desastres del escándalo no arrasen experiencias preciosas con el fuego de la imprevisión.
Si has percibido en el compañero las señales del orgullo o la rebeldía, rodéalo con el clima de la humildad para socorrer a su manifiesta sed de auxilio, y si presenciaste la caída de alguien en el camino que transitas, tiéndele los brazos fraternos para que se levante, sin agravar sus defectos con una referencia insensata.
Si un amigo se presenta equivocado ante tus ojos, no pronuncies la palabra contundente de la crítica: ayúdalo con la bendición de la plegaria; y si tu prójimo estuviera desorientado o desdichado, a tu paso, concédele el favor del silencio, para que recupere su equilibrio y se restablezca.
No sirve remarcar las cicatrices y las imperfecciones, con el pretexto de diluirlas en el cuerpo de las horas, porque una pequeña llaga tratada con hostilidad, en todos los casos se convierte en una herida que con el tiempo se hace crónica. Distribuye, por lo tanto, la beneficencia del abrigo y el pan pero evita la humillación para quien recibe los gestos de previsión y cariño; así mismo, no olvides esparcir la caridad del pensamiento y de la lengua, para que el bálsamo del perdón anule el veneno del odio y la fuerza del olvido extinga las sombras del mal.
EMMANUEL
Médium Francisco Cândido Xavier, Waldo Vieira Extraído del libro "El Espíritu de la Verdad"
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