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En los trazos más insignificantes de tu experiencia cotidiana se pone de manifiesto el rumbo humano que tú representas para los otros. Los rasgos del semblante son la evidencia de tu clima interior. Los objetos de tu uso personal dan forma al edificio de tu simplicidad. El orden de tus hábitos es indicio de tu grado de disciplina. El cumplimiento de tus obligaciones revela la importancia de la palabra que empeñaste.
La calidad de la amistad de tus vecinos para con tu persona, califica tu capacidad para lograr que te comprendan. El nivel de tu charla muestra el tono de tu altura interna. La seguridad con qué opinas traduce la firmeza de tus ideales. Las telas con que envuelves tu cuerpo dan forma a tu sentido de naturalidad.
Los alimentos de tu mesa revelan el rol que asignas al estómago dentro de tu mundo moral. La índole del cuidado de tu físico habla claramente de tus posibles relaciones con la vanidad. Tu presente expresa a todos qué fuiste en el pasado y qué serás en el porvenir, con reducidas posibilidades de error.
La coherencia entre el movimiento de tus ideas, de tus conceptos y de tus acciones, desmenuza a la vista de todos el vigor de tu voluntad. Los seres que comparten tu existencia leen sin cesar los letreros vivientes que determinan tu verdadera identidad dentro de los paisajes de la Vida, y responden tus mensajes silenciosos con la aversión o la simpatía, la alegría o el desagrado, según tú plantes el bien o el mal.
ANDRÉ LUIZ
Médium Francisco Cândido Xavier, Waldo Vieira Extraído del libro "El Espíritu de la Verdad"
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