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Francisco Cândido Xavier
Escrito por Administrador   
Viernes, 09 de Diciembre de 2011 16:28

¡Señor, tú que creaste las leyes que nos rigen y el mundo que nos alberga; tú que nos diste la gloria solar como luz de tu omnipresencia, y el manto estrellado que resplandece en el cielo como una divina promesa de que tu misericordia fun­dirá, en una fulgurante corona de laureles de redención, las tinieblas de nuestros desatinos; tú que eres la justicia en los justos, la santidad en los santos, la sabiduría en los sabios, la pureza en los puros, la humildad en los humildes, la bondad en los buenos, la virtud en los virtuosos, la victoria en los triunfadores del bien y la fidelidad en las almas fieles, derra­ma la bendición de tu compasión sobre nosotros, a fin de que aunque sea por un fugaz instante logremos olvidarnos de los horizontes sombríos de la Tierra, donde se acumulan las vibraciones letales de nuestras enemistades y el humo conta­minado de nuestra desesperación, convertidos en la miseria y en el odio que constantemente se vuelven contra nosotros desde la cal del tiempo!...

¡Haz, Señor, que se incline nuestra cerviz sobre los campos del planeta que sembraste de manan­tiales y aromatizaste con perfumes, que adornaste con guir­naldas de flores y dorados frutos, y que se canalice nuestro pensamiento en la oración, de modo que olvidemos aunque sólo sea por un momento, la ley de Caín a la que hemos atado el carro de nuestros falsos principios de soberanía y poder, a causa de los cuales ensangrentamos sembrados y templos, hogares y escuelas, así como hemos asesinado a mujeres y niños invocando la matanza y la violencia como supuestos derechos de las naciones!...

Permite además, oh Dios de gene­rosidad infinita, que hermanados en el santuario doméstico podamos todos nosotros —ante la paz que nos desafía al trabajo para que aportemos luminosidad al futuro—, loar el nombre inefable, reconocidos y reverentes por haber concedido a nuestras deserciones y a nuestras calamidades, la corona del heroísmo y el tesoro de amor que resplandecen en nuestras Madres.

Ruy

Médium Francisco Cândido Xavier, Waldo Vieira
Extraído del libro "El Espíritu de la verdad"