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“Ni sirve para la tierra, ni para el estercolero; lo arrojan fuera. Quien tiene oídos para oír, oiga." – Jesús. (Lucas, 14:35.)
Según deducimos, Jesús prestó significación al estercolero. Tierra y estiércol, en este pasaje se revisten de valor esencial. Con la primera, realizaremos la siembra, con el segundo es posible hacer el abono, donde se haga necesario. Gran porción de aprendices, imitando la actitud de los antiguos fariseos, huyen al primer encuentro con las "zonas estercolares» del prójimo; entre tanto, tal se verifica porque les desconocen las expresiones provechosas.
El Evangelio está lleno de lecciones, en ese sector del conocimiento iluminativo. Si José de Galilea o María de Nazaret simbolizan tierras de hartas virtudes, lo mismo no sucede a los apóstoles que, a cada paso, necesitan recurrir a la fuente de las lágrimas que escurren del estercolero de remordimientos y flaquezas, propiamente humano a fin de fertilizar el terreno empobrecido de sus corazones.
¿De cuánto abono de esa naturaleza precisaron Magdalena y Pablo, por ejemplo, hasta alcanzar la gloriosa posición en la que se destacaron? Transformemos nuestras miserias en lecciones. Identifiquemos el estiércol que la propia ignorancia amontonó en torno a nosotros mismos, convirtámoslo en abono de nuestra "tierra íntima" y habremos dado razonable solución al problema de nuestros grandes males.
Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier" Extraído del libro "Pan nuestro"
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