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Antes de que pronuncies la frase amarga que estalla en tu corazón con la intención de romper las barreras de tu boca, piensa en la bondad de Dios que te rodea por completo.
La Naturaleza es el seno de una madre expectante... Se asemeja la luz celestial a la mirada del amor que te sigue encubiertamente, y el aire que respiras es como un soplo de la ternura de alguien, que te provee alimento invisible.
Todo presta servicio en silencio, mientras espera por ti.
Se abre la vía pública a tus pies, a modo de amistosa invitación; el agua pura está lista para aliviar tu sed; el libro noble aguarda el roce de tus manos para consolarte, en tanto que el fruto que cuelga del árbol ruega humildemente que lo tomes. Reflexiona acerca de la Bondad de Dios y nunca pronuncies la palabra que decepcione o maldiga.
Cállate, cuando no puedas auxiliar. Permite a tu alma enternecerse mediante la ayuda en la edificación del Bien Eterno, que todo nos concede sin exigirnos nada. Comprenderás, entonces, que Dios te brinda la vida como una Divina Sinfonía, y esa Divina Sinfonía necesita que también tú le aportes tu nota.
MEIMEI
Médium Francisco Cándido Xavier, Waldo Vieira Extraído del libro "El Espíritu de la verdad"
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