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Francisco Cândido Xavier
Escrito por Administrador   
Miércoles, 30 de Noviembre de 2011 16:18

“Mas Pablo respondió: ¿Qué hacéis vosotros, llorando y amargándome el corazón?" — (Hechos, 21:13.)

Constituye un pasaje de los más dramáticos en los Hechos de los Apóstoles aquel en que Pablo de Tarso se prepara, frente a los testimonios que lo aguardaban en Jerusalén. En el alma heroica del luchador no reside ninguna sombra de hesitación. Su espíritu, como siempre, está listo. Pero, los compañeros lloran y se lamentan; y, del corazón sensible y valeroso del batallador del Evangelio, fluye la dolorosa indagación. No obstante la energía serena que le domina la organización vigorosa, Pablo sentía falta de amigos tan llenos de coraje como él mismo. Los compañeros que los seguían estaban sinceramente dispuestos al sacrificio, entretanto, no sabían manifestar los sentimientos del alma fiel.

Es que el llanto o la lamentación jamás ayudan, en los instantes de testimonio difícil. Quien llora, al lado de un amigo en posición peligrosa, le desorganiza la resistencia. Jesús lloró en el Huerto, cuando estaba solo, pero, en Jerusalén, bajo el peso de la cruz, ruega a las mujeres generosas que lo amparaban la cesación de las lágrimas angustiosas.

En la alborada de la Resurrección, pide a Magdalena esclarezca el motivo de su llanto, junto al sepulcro. La lección es significativa para todo aprendiz. Si un ser amado permanece mucho tiempo bajo la necesaria tempestad, no te entregues a la desesperación inútil. La queja no soluciona problemas. En vez de lamentaciones con sollozos aproxímate a él y extiéndele las manos.

Espíritu Emmanuel

Médium Francisco Cândido Xavier
Extraído del libro "Pan nuestro"