|
El concepto espirita de la felicidad no siempre coloca a los felices donde el mundo los coloca. Hay personas que necesitan demasiado confort, con la preocupación de ser felices, y acaban infelices, dominadas por el aburrimiento. Aparecen criaturas, pleiteando destaque y, creyéndose dichosas por obtenerlo, se confiesan desafortunadas después, cuando se reconocen inhabilitadas para los encargos que recibieron.
Hay felices en las mesas laudas, comprando enfermedades con los exceso a los que se aficionan e infelices, en la carencia material, atesorando valores imperecibles, en el provecho de las lecciones que el mundo les reservo. En todas partes, sorprendemos a los infelices de salud, que abusen de la robustez, cayendo en la desencarnación prematura, y los infelices de dolencia, que señoreen larga vida por el respeto que dedican al cuerpo. En todos los lugares, los contrates aparentemente chocante…
Situaciones risueñas muchas veces, generan suplicios por venir, por no saber quien las posee, emplear criteriosamente la felicidad que les fue prestada. Aquí y en el más allá, surgen, sin cuenta, los felices-infelices en los engaños a que se arrojan y los infelices-felices, en las pruebas en que se elevan. Sócrates, considerado infeliz, es el padre de la filosofía. Anytos, imaginado feliz, aun hoy, en el concepto del mundo, es el verdugo. Jesús, supuesto infeliz, es el renovador del mundo. Barrabás, juzgado infeliz, ahora, en la memoria de los hombres, es el malhechor.
Apliquemos el entendimiento espirita a los conocimiento cotidianos y verificaremos que los infelices no están cualificados por la riqueza o la pobreza que entre muestran los cuadros exteriores. Son y serán siempre aquellos que, en cualquier circunstancia, edifican la felicidad o la infelicidad articuladas por alguien, en los caminos ajenos, se vuelven, matemáticamente, para quien los formó.
Por el Espíritu Emmanuel Médium Francisco Cândido Xavier, Waldo Vieira Extraído del libro " Opinión Espirita"
|