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"Volvió, pues, Jesús a decidles: En verdad os digo que yo soy la puerta de las ovejas." — (Juan, 10:7.)
No basta alcanzar las cualidades de la oveja, en cuanto a la mansedumbre y ternura, para llegar al Reino Divino. Es necesario que la oveja reconozca la puerta de la redención, con el discernimiento imprescindible, y le guarde el rumbo, despreocupándose de los ruegos de orden inferior, que brotan de las márgenes del camino.
De ahí concluimos que la cordura, para ser victoriosa, no dispensa de la cautela en la orientación a seguir.
No siempre la pérdida del rebaño proviene del ataque de fieras, sino porque las ovejas descuidadas transponen barreras naturales, sordas a la voz del pastor, o ciegas en cuanto a las salidas justas en demanda de los pastos que les competen. ¿Cuántas son acometidas, inesperadamente, por el lobo terrible, porque, fascinadas por la verdura de pastos vecinos, se desvían de la senda que les es propia, quebrando obstáculos para atender a impulsos destructivos?
Así acontece con los hombres en el curso de la experiencia. ¿Cuántos espíritus nobles han perdido preciosas oportunidades por su propia imprudencia? Señores de admirables patrimonios, se revelan, a veces, arbitrarios y caprichosos. En la mayoría de las situaciones, copian a la oveja virtuosa y útil que, después de la conquista de varios títulos ennoblecedores, olvida la puerta a ser alcanzada y quiebra las disciplinas benéficas y necesarias, para entregarle al lobo devorador.
Espíritu Emmanuel Médium Francisco Cândido Xavier Extraído del libro "Pan nuestro"
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