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Mas cuando lo oyeran hablar de la resurrección de los muertos, unos le escarnecían y otros decían: acerca de eso te oiremos otra vez." — (Hechos, 17:32.)
El contacto de Pablo con los atenienses, en el Areópago, presenta una lección interesante a los discípulos nuevos. Mientras el apóstol comentaba sus impresiones de la célebre ciudad, aguzando tal vez la vanidad de los concurrentes, por las referencias a los santuarios y por el fuego sutil de los raciocinios, oído atentamente.
Es posible que la asamblea lo aclamase con fervor, si su palabra se detuviese en el cuadro filosófico de las primeras exposiciones. Atenas lo reverenciaría, entonces, como sabio, presentándolo, al mundo, en la moldura especial de sus nombres inolvidables.
Pablo, sin embargo, se refiere a la resurrección de los muertos, dejando entrever la gloriosa continuación de la vida, más allá de las trivialidades terrestres. Desde ese instante, los oyentes comenzaron a sentirse menos bien y llegaron a escarnecerla la palabra amorosa y sincera, dejándolo casi solo.
La enseñanza se encuadra perfectamente en los días que corren. Numerosos trabajadores de Cristo, en los diversos sectores de la cultura moderna, son oídos atentamente y respetados por las autoridades en los asuntos que se especializaron; con todo, al declarar su creencia en la vida más allá del cuerpo, afirmando la ley de responsabilidad, para más allá del sepulcro, reciben, de inmediato, la risa sarcástica de los admiradores de minutos antes, que los dejan solitos, proporcionándoles la impresión de verdadero desierto.
Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier Extraído del libro "Pan nuestro"
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