|
El grupo de desencarnados erraba en las esferas inferiores. Lo integraban algunos cristianos de diversas escuelas, extrañando la indiferencia del Cielo… ¿Dónde estaban los Ángeles y Soberano, los Arcángeles y Genios del paraíso, que no se presentaban para recibirlos? Alrededor, siempre la neblina espesa, la penumbra indefinible. ¿Donde el refugio de paz, y el asilo de recompensa? Largos días de aflicción, en jornadas angustiosas… Después de la sorpresa, la rebelión, después de la rebeldía la queja. Finalizada la queja, vino el sufrimiento constructivo y con ese surgió la oración…
Enseguida después de la oración, es que aparece la respuesta. Iluminado mensajero, con vestidura resplandeciente, desafía las sombras de la planicie, haciéndose visible en lo alto de la cumbre. Se prosternan los peregrinos con la sorpresa. ¿Seria el propio Jesús? ¿No seria? Ante la perturbación que los acometiera, el emisario tomo la palabra y esclareció, fraternalmente:
- ¿Paz en nombre del Señor, a quien dirigís vuestra llamada? Vuestras suplicas fueron oídas. ¿Qué deseáis?
- Ángel celeste – habló uno de ellos - ¿Pues no lo ves?!... Estamos rotos, exhaustos, vencidos, nosotros, que fuimos fervorosos en el mundo. ¿Dónde se encuentra el Redentor que no nos salva, el Príncipe de la Luz, que nos deja en plena tinieblas? ¿Qué deseamos? Nada más que el premio de la lucha… No pudo proseguir.
Olas de lágrimas le invadieron los ojos, sofocándole la garganta y contagiando a los compañeros que se deshacían en llanto dolorido. El representante de Cristo, con todo, se mantuvo imperturbable y considero:
- La Justicia Divina nunca falló en el Universo:
-¡Ah! Más nosotros sufrimos – replicó el interlocutor aliviado – y ciertamente somos víctimas de algún olvido que esperamos sea reparado.
El ministro de Jesús no se dejó impresionar y volvió a decir:
- Veamos. Respóndame en su conciencia: ¿Cuándo estabas encarnado, amaste a Dios, sobre todas las cosas, con todo el lama y entendimiento?
Si estuviesen frente a autoridad común, probablemente los interpelados buscarían tergiversar, huyendo de la verdad. La luz divina del emisario, sin embargo, les penetraba el amago del ser. Transcurrido un instante de la pesada expectación, informaron todos a un solo tiempo:
- No
- ¿Consideraste los intereses del prójimo como si os perteneciesen?
Nuevo momento de lucha intima y nueva respuesta sincera:
- No
- ¿Negaste la personalidad egoísta, soportaste vuestra cruz y seguisteis al Maestro?
- No
- ¿Colocasteis la voluntad Divina por encima de vuestros deseos?
- No
- ¿Hicisteis brillar en vosotros, en la Tierra, la luz que el Cielo os confirió?
- No
- Auxiliasteis a vuestros enemigos, orasteis por los que os perseguían, administrasteis el bien a los que os calumniaron y dilaceraron?
-No
– ¿Perdonasteis setenta veces siete?
- No
- ¿Fuisteis fieles a mi Padre hasta el fin?
– No
- ¿Vencisteis los dragones de la discordia y de la vanidad?
– No
- ¿Cargasteis las cargas unos de los otros?
– No
El mensajero fijo benevolente gesto con las manos y, mostrando una mirada dulce, observó, después de cumplida pausa:
- ¿Si en diez lecciones del Divino Maestro no aprendisteis ninguna, con qué derecho invocáis en su nombre? Acreditáis, por ventura, que El nos ha enseñado algo en vano?
Los infortunados se pusieron a llorar, con más fuerza, y uno de ellos objeto:
- ¿Qué será de nosotros? ¿Quién nos socorrerá, si teníamos creencia verdadera?
- Si - torno el representante de Cristo-, en el contexto. ¿Entretanto, como interpretar al poseedor del buen libro que nunca examinó las paginas? ¿Cómo definir al alumno que gastó posibilidades y tiempo de la escuela, sin jamás aplicar las lecciones en el terreno práctico?
- ¡OH! Ángel bueno, con todo, nosotros ya morimos en la Tierra!... – acrecentó la voz triste del hermano desencantado, entre aflicción y amargura.
El mensajero, sin embargo, remató con serenidad:
- Diariamente, millones de almas humanas abandonan la carne y tornan a ella, en el aprendizaje de la verdadera vida. Quien muere en el mundo grosero pierde apenas la forma efímera. Lo que importa en el plano espiritual no es el “interrumpir” o el “recomenzar” de la experiencia y, si, la iluminación duradera para la vida inmortal. No perdáis tiempo, buscando nuevos programas, cuando en el mismo iniciasteis la ejecución de las bellas enseñanzas. Ningún aprendiz tiene el derecho de invocar la presencia del Maestro, de nuevo, antes de atender las lecciones anteriormente indicadas. ¡Volved y aprended! No existe otro camino para la adiestración voluntaria.
En ese mismo instante, el enviado torno al plano de donde viniera, aunque los peregrinos a la inversa, al proseguir el viaje para más alto, obedecían al impulso irresistible que los conducía para más abajo.
Espíritu Hermano X
Médium Francisco Cândido Xavier Extraído del libro " Pontos e Contos" Enviado por Merchita
|