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Francisco Cândido Xavier
Escrito por Administrador   
Viernes, 04 de Noviembre de 2011 16:28

Cuando la aflicción golpeó a su puerta, el discípulo tomó las noticias del Señor y leyó su promesa divina: "Permaneceré con vosotros hasta la consumación de los siglos..."

Se encendió la esperanza en lo profundo de su alma. Y cierta mañana partió en busca del Maestro, a semejanza de una corza desorientada en el desierto, que desea un manantial de agua pura. Entró en un templo que desbordaba de luces centelleantes, donde se veneraba su memoria; aún así, pese a que percibía que la fe brillaba allí en medio de cánticos reverentes y flores de devoción, no halló al Divino Amigo.

Lo buscó en los amplios recintos donde se pronunciaba su nombre con una inflexión de supremo respeto; sin embargo, aunque encontró la pureza de sus enseñanzas en el verbo de quienes llevaban libros dorados debajo del brazo, no notó que allí estuviera presente. En la jornada agotadora consumió horas...

En vano atravesó portales y columnatas, altares y jardines. Caía helada la noche, cuando oyó los gemidos de un niño enfermo que había sido abandonado en un albañal. Se arrodilló para darle amoroso asilo en sus brazos. Al levantar la mirada vio a Jesús delante de él, y con voz temblorosa exclamó:

— !Maestro! !Maestro!...

El Excelso Benefactor acarició su cabeza fatigada, como para borrar la llaga de su angustia y le habló con tono compasivo:

— En realidad, hijo, he de estar con todos, en todas partes, hasta el fin de los siglos; no obstante, mi residencia es el corazón caritativo, pues a la luz de tales corazones tengo un encuentro marcado con los aprendices del bien eterno...

En vano intentó el discípulo retener al Señor contra su pecho... A través de la espesa cortina de lágrimas que inundaban su rostro sorprendido, notó que la celestial visión se diluía en el resplandor añil del cielo vespertino, mientras que en el recinto de su propio ser resonaban para él las palabras inolvidables:

— Cada vez que ofrezcáis amparo a uno de esos pequeñitos por amor a mi nombre, a mí me lo daréis...

MEIMEI

Médium Francisco Cándido Xavier, Waldo Vieira
Extraído del libro "El Espíritu de la Verdad"