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"También os digo: granjead amigos con las riquezas de la injusticia." —Jesús. (Lucas, 16:9.)
Si el hombre consiguiese, desde la experiencia humana, descubrir el pretérito profundo, llegaría más rápidamente a la conclusión de que todas las posibilidades que lo felicitan, en conocimiento y salud, provienen de la Bondad Divina y de que la mayoría de los recursos materiales, a la disposición de sus caprichos, procede de la injusticia.
No nos corresponde particularizar y, si, deducir que las concepciones del derecho humano se originaron de la influencia divina, porque, en cuanto a nosotros, somos compelidos a reconocer nuestra lenta evolución individual del egoísmo feroz hacia el amor universalista, de la iniquidad hacia la justicia real. Bastará recordar, en ese sentido, que casi todos los Estados terrestres se levantaron, hace siglos, sobre conquistas crueles.
Con excepciones, los hombres han sido siervos visitadores que, en el momento del ajuste, no se muestran a la altura de la mayordomía. Es por eso que Jesús nos legó la parábola del empleado infiel, invitándonos a la fraternidad sincera para que, a través de ella, encontremos el camino de la rehabilitación.
El Maestro nos aconsejó granjear amigos, esto es, a dilatar el círculo de simpatías en que nos sintamos cada vez más intensivamente amparados por el espíritu de cooperación y por los valores interpuestos.
Si nuestro pasado espiritual es sombrío y doloroso, busquemos simplificarlo, adquiriendo dedicaciones verdaderas, que nos auxilien a través de la subida áspera de la redención.
Si no tenemos o y determinadas ligaciones con las riquezas de la injusticia, las tuvimos ayer, y se hace imprescindible aprovechar el tiempo para nuestro reajuste individual ante la Justicia Divina.
Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier Extraído del libro "Pan nuestro"
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