|
"Y toda la multitud procuraba tocarle, porque salía de él una virtud que los curaba a todos." – (Lucas, 6:19.)
En la actualidad, observamos toda una pléyade de espiritualistas eminentes, esparciendo conceptos relativos al magnetismo personal, con tamaña extrañeza, cual si estuviésemos ante una verdadera novedad del siglo XIX.
Tal servicio de investigación y divulgación de los poderes ocultos del hombre representa valioso concurso en la obra educativa del presente y del futuro, no obstante, es preciso recordar que la edificación no es nueva.
Jesús, en su pasaje por el Planeta, fue la sublimación individualizada del magnetismo personal, en su expresión sustancialmente divina. Las criaturas le disputaban el encanto de la presencia, las multitudes le seguían los pasos, tocadas de singular admiración.
Casi toda la gente buscaba tocarle la vestidura. De Él emanaban irradiaciones de amor que neutralizaban molestias recalcitrantes. Producía el Maestro, espontáneamente, el clima de paz que alcanzaba a cuantos le gozaban la compañía.
Si pretendes, pues, un camino más fácil para la eclosión plena de tus potencialidades psíquicas, es razonable aproveches la experiencia que los orientadores terrestres te ofrecen, en ese sentido, pero no te olvides de los ejemplos y de las vivas demostraciones de Jesús. Si intentas atraer, es imprescindible saber amar. Si deseas influencia legítima en la Tierra, santifícate por la influencia del Cielo.
Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier Extraído del libro "Pan nuestro"
|