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Cada vez que la irritación se asoma a los escondrijos de tu mente, te encuentras al borde de una señal de peligro.
Aunque todo parezca conspirar para tu perjuicio, no conviertas la emoción en una bomba de cólera que explote en tu boca.
El desequilibrio que registras es un llamado de la vida para que cooperes con ella.
Cuando las aguas en torrente embisten furiosas el sector de suelo que te sirve de habitación, eriges el dique capaz de controlar sus impulsos.
En relación con el fuego que te amenaza, recurres urgentemente a los extintores de incendio.
Cada vez que el corto circuito aparece en la red eléctrica, desenchufas la toma de potencia para que la energía descontrolada no dé como resultado la destrucción.
De esa misma manera, cuando la prueba te visite no transformes la lengua en un látigo para tus semejantes. Si las agresiones verbales te golpean los oídos, erige la muralla del deber fielmente cumplido para defenderte del asalto de la injuria. Si la calumnia te ataca, conserva la paz en el refugio de la plegaria. Si la dignidad ofendida surge dentro de ti transformada en una mecha encendida para el estallido de la rebeldía, haz lugar para que el silencio te enmudezca hasta que la nube de la crisis se desplace de tu vista.
Sobre todo, ante un compañero encolerizado, no agraves su distonía. Nadie cura a un loco si le apalea el cráneo. Si alguien te lanza al rostro el golpe del desenfreno de su espíritu o te arroja la pedrada del insulto, disculpa sin restricciones, y si volviera a herirte es indispensable que reconozcas que estás en presencia de un enfermo en estado grave, que requiere el amparo de la comprensión y el socorro de la compasión.
Espíritu Emmanuel
Médium Francisco Cândido Xavier, Waldo Vieira Extraído del libro "El Espíritu de la verdad"
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