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La hija del orgullo PDF Imprimir E-mail
Francisco Cândido Xavier
Escrito por Administrador   
Lunes, 12 de Septiembre de 2011 15:29

La susceptibilidad —hija del orgullo— impulsa a la persona a ubicarse por encima del bien de todos. Se trata de la vanidad que se confronta con el interés general. De ese modo, cuando el espirita se vuelve susceptible, se considera más importante que el Espiritismo y pretende ser mejor que la tarea liberadora de la cual recibe consuelo y esclarecimiento.

La susceptibilidad genera la prevención negativa, que agrava los problemas y enfatiza las dificultades, en vez de anularlas. Esa alergia moral demuestra mala voluntad y resuma incoherencia, al punto que determina malestares difusos en los sutiles tejidos del alma.

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3 En portugués este título es "El hijo del orgullo", pues alude al término melindre (genero masculino), que hemos traducido por "susceptibilidad". (N. de la T.)

Evitemos la sensibilidad de porcelana que no tiene razón de ser. Es suficiente con que observemos rápidamente y hemos de hallarla a cada paso:

Es el caso del director cuya propuesta fue rechazada y como se siente desprestigiado ya no concurre a las asambleas.

Es el médium que ha recibido una advertencia constructiva del conductor de la sesión, en cuanto a su educación mediúmnica, que se siente molesto y abandona las reuniones.

Es el comentarista, reprendido con tono fraterno para que baje el volumen de su voz, que sin dar explicaciones suspende su apoyo.

Es el colaborador del periódico que al ver su artículo objetado por la redacción, y en la suposición de que lo menosprecian interrumpe sus actividades en la imprenta.

Es la cooperadora en la asistencia social cuyo cumpleaños pasó desapercibido y para demostrar que la hirieron adopta la indiferencia.

Es el servidor del templo que cierta vez fue exceptuado de integrar la mesa orientadora de la acción espiritual y se disgusta porque se siente infantilmente injuriado.

Es el donante de algunos objetos cuyo nombre fue omitido en las citas de agradecimiento y en demostración de contrariedad elude cooperar nuevamente.

Es el padre advertido por la profesora de las clases de moral cristiana, con respecto al comportamiento de su hijo, que por ese motivo se vuelve susceptible e interrumpe la comparecencia del niño.

Es el joven enojado por el consejo de su hermano mayor, que se rebela contra la advertencia del más experimentado.

Es la persona que se siente desatendida cuando va en busca del compañero cuya cooperación necesita, dentro del horario en que ese mismo compañero necesita trabajar a fin de proveer a su propia subsistencia.

Es el amigo que en la institución no se consideró satisfecho por la conducta del colega y deserta, enojado, englobando a todos los demás en una abierta reprobación, incapaz de reconocer que ése es el momento de requerir auxilio más amplio.

El espírita que se niega a la colaboración fraterna solamente se perjudica a sí mismo. Debemos perdonar y olvidar si quisiéramos colaborar y ser útiles. En rigor, con las bendiciones de la Doctrina Espírita, ¿quién puede decir que ayuda a alguien? Siempre recibimos auxilio. Nadie va a un templo doctrinario para dar, en primera instancia. Todos concurrimos para recibir antes que para otra cosa, sean cuales fueran las circunstancias.

Abandonemos la condición de sensitivas humanas, con la convicción de que la honra reside en la tranquilidad de la conciencia sustentada por el deber cumplido. Donde hay humildad no existe susceptibilidad. La susceptibilidad perjudica a quien la experimenta y a nadie ayuda. Nos corresponde escuchar a la conciencia y seguirla, recordando que siempre aparecerá en el camino la susceptibilidad de alguien, ese alguien que necesita de nuestras oraciones aunque breves o aparentemente innecesarias. Y para concluir, hermano, imagínate si algún día Jesús se pusiera susceptible con nuestros incesantes desaciertos...

Cairbar Schutel

Médium Francisco Cândido Xavier, Waldo Vieira
Extraído del libro "El Espíritu de la Verdad"