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Lo recojo del Journal of the Society for Psychical (vol. X, p. 249). Se trata de un caso rigurosamente documentado, remitido a la Society durante la misma semana en que se verificó. Escribe la Srta. B.J.Green:
Mi hermana H.J.Green tenía una gata a la que apreciaba mucho. Era de raza persa purasangre, pelaje gris-azulado característico, pequeñas proporciones, y su nombre era Smoky. No había en la aldea otro gato de la misma raza o que apenas se le asemejase. Durante la primavera, Smoky cayó enferma y murió a mediados de junio de 1909. El jardinero la enterró en un recodo del jardín, plantando en su tumba una dalia. Algún tiempo antes de su muerte, la gata había sido atacada y maltratada por un perro que le había roto algunas costillas. A consecuencia de ese incidente, caminaba cojeando y su muerte fue resultado de las heridas recibidas.
El martes, seis de julio de 1909, me hallaba sentada a la mesa, almorzando con mi hermana y leyendo, en voz alta, una carta. Estaba de espaldas a la ventana, que se situaba a la derecha de mi hermana. De repente vi que ella miraba hacia fuera por la ventana, con una expresión entre espanto y miedo y le pregunté: ¿Qué has visto? Y ella me respondió: Veo a Smoky, que anda por el medio de la hierba. Nos precipitamos hacia la ventana y percibimos efectivamente a Smoky, que parecía muy enferma, con el pelaje erizado y los ojos asustados. Caminaba cojeando a través del parterre frente a la ventana, a tres o cuatro metros de nosotros; mi hermana llamó por ella, pero como la gata no parecía oír, corrió hacia ella, y siguió llamándola.
Permanecí en la ventana y vi a la gata encaminarse hacia una alameda que conducía al fondo del jardín. Mi hermana la siguió llamando siempre por ella, pero para gran asombro suyo, Smoky no se dio nunca la vuelta, como si no hubiese oído nada y, en determinado momento, se metió dentro de una mata y mi hermana ya no volvió a verla. Tras unos diez minutos, mi hermana y una amiga que se hospedaba durante algún tiempo en nuestra casa, vieron nuevamente a Smoky que caminaba por el césped frente a la ventana. Mi hermana salió para encontrarse con ella, pero ya no la vio. Tras media hora, la gata apareció en el pasillo que conduce a la cocina y fue vista por la empleada, que tomó una vasija con leche y fue en su dirección para darle de beber, pero la gata siguió su camino y salió al jardín, desapareciendo ante ella.
Como consecuencia de esas visiones hemos sido interrogados por si hubiese algún error respecto de la muerte de la gata, aunque nuestra amiga, el jardinero y una joven doncella hubiesen visto su cadáver. El jardinero se indignó tanto con la sospecha de que no había enterrado el cadáver, que fue a la sepultura, arrancó la dalia y exhumó el cadáver de Smoky. No sabemos qué pensar de ese acontecimiento, que tuvo cuatro testigos: la Srta. B.J.Green, la Srta. H.J.Green, la Srta. Smith y Kathleen B., (la empleada); y mi hermana contó que, cuando siguió a la gata la primera vez, ésta caminaba muy deprisa, pero cojeando de un lado, como hacía antes de su muerte.
(En un carta consecutiva, la Srta. B.J.Green, hablando sobre la segunda vez que su hermana siguió a la gata, escribe: la gata no saltó el muro de la cerca, sino que desapareció cuando se hallaba cerca de ese muro). El caso precedente es muy interesante y significativo, en primer lugar a causa de la naturaleza incontestable del hecho; después, porque el fantasma fue visto por cuatro persona, en momentos diferentes, lo cual excluye la hipótesis alucinatoria pura y simple. Al considerar este caso, dos únicas hipótesis pueden explicarlo: la primera consistiría en suponer que se trataba de la visión de una gata viva que habría sido tomada por la gata muerta; la segunda sería la hipótesis telepático-espírita.
Me he referido a la primera explicación por simple deber de relator, porque nuestros lectores ya habrán notado que esta suposición no se sostiene ante el análisis de las circunstancias.
Primero, porque en el caso en cuestión se trataba de una gata exótica, única en su género en el medio donde se produjo el suceso, y caracterizada por un pelaje que es especial en los gatos persas, circunstancias todas que hacen absurdo presumir que cuatro personas, a plena luz del día, pudiesen equivocarse en la identificación. En seguida, porque se percibió que la gata aparecida caminaba cojeando, precisamente como el animal muerto. En tercer lugar, porque la gata-fantasma nunca dio señal de percibir a las personas que la llamaban, lo cual no sucedería si fuese una gata viva; antes bien, esto constituye el rasgo característico de la mayor parte de los fantasmas telepáticos y telepático-espíritas, que no tienen consciencia del medio en que se encuentran. En fin, es preciso no olvidar que el pequeño fantasma desapareció varias veces ante los perceptores, de modo súbito e inexplicable.
No añado otra cosa porque lo que acabo de decir basta para demostrar que la hipótesis de la visión de una gata viva, que cuatro personas habrían tomado por la gata muerta, no se sostiene frente al examen de los hechos. Se está por lo tanto, obligado a concluir que el presente episodio es realmente un auténtico ejemplo de aparición del fantasma de un animal muerto.
Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"
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