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Caso CXXVI – Animal vidente PDF Imprimir E-mail
Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Viernes, 30 de Abril de 2010 15:03

El señor James Coates, autor del notable libro Fotografiando lo Invisible, envió a Light (1915), el siguiente episodio canino:

Yo tenía un perro pomerano llamado Tobby, nuestro gran favorito, que habíamos llevado con nosotros para Rothsay, en 1893. Cerca de dos años más tarde, durante nuestra ausencia de la casa, Tobby fue terriblemente maltratado por un perro del vecindario y no tardó en morir a causa de las complicaciones sobrevenidas. Después de un mes o quizá seis semanas, recibí de regalo una perrita foxterrier llamada Katie, y he aquí el extraño acontecimiento a que entonces asistimos. Durante varias semanas ella no osó acercarse al rincón de la cocina donde Tobby tenía la costumbre de acostarse y, siempre, cuando entraba en la cocina, ladraba furiosamente en aquella dirección, tal como si viese allí a otro perro.

Leí, o escuché contar, otros sucesos de perros que ven fantasmas, que les ladran y que se espantan. En todo caso, mi Katie, durante varias semanas, mantuvo una actitud como si viese a Tobby y se hubiese espantado. ¿Cómo explicar de otro modo la circunstancia de no osar acercarse y menos todavía acostarse en el rincón de la cocina que Tobby había elegido para su lecho favorito cuando era vivo?

Entre las buenas pruebas aventadas para probar la supervivencia del alma humana, se registra la extraída de las facultades clarividentes de que el hombre está dotado, observándose, en efecto, que esas facultades van más allá de toda visión terrestre y no dependen del ejercicio de las facultades sensoriales. Ahora bien, si está probado que los perros poseen, a su vez, facultades clarividentes, qué consecuencia debemos extraer de ello. Me limito a responder así: lo que constituye una buena demostración a favor de la supervivencia humana solo puede constituir también una buena demostración en lo relativo a la supervivencia animal.

En rigor, este caso debería ser considerado antes como débil punto de vista probatorio. En efecto, nadie compartió con el animal las mismas impresiones supra normales, nadie sabría decir positivamente qué veía la perrita en el rincón de la cocina, pero aunque sin perder de vista todo esto, según los métodos de las pesquisas científicas, añadiré que hay situaciones que no permiten interpretación múltiple respecto del mismo suceso y que, por consiguiente, autorizan a que se llegue a una conclusión, de una manera bastante precisa, incluso a falta de testigos directos.

Es lo que me parece que pasa en el caso en cuestión. En efecto, si la perrita ladraba furiosamente y sin cesar hacia el mismo rincón de la cocina donde tenía el hábito de acostarse el animal muerto, demostrando miedo bastante como para no osar acercarse a él ni tampoco acostarse allí, esto significa que ella actuaba como un perro cualquiera que se halla en presencia de un hombre o animal que no conoce. En tales condiciones ¿qué se podría deducir de ahí no siendo la conclusión lógica de que en aquel rincón ella percibía el fantasma del perro muerto?

Sin duda esta conclusión parecería bastante más audaz si no se conociese algún ejemplo de visiones de fantasmas por parte de animales. Ya que esos ejemplos son, por el contrario, frecuentes y científicamente constatados, nada impide que, por la ley de las analogías, se pueda explicar de la misma manera el suceso relatado por el Sr. James Coates.

Ernesto Bozzano

Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"