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Caso CXXV - Visual PDF Imprimir E-mail
Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Lunes, 26 de Abril de 2010 15:51

Fue publicado en los Proceedings of the Society for Psychical Research y la señora Gordon Jones narra lo siguiente:

Siempre he tenido una gran aversión hacia los gatos, heredada de mi padre, que no soportaba su presencia. Nunca los he tolerado en mi casa hasta el día en que fue invadida por una bandada de ratas. Fui a buscar un gato corriente cuyo pelo era a rayas grises y negras, pero nunca me ocupé de él y nunca le permití subir hasta el piso superior de la casa. Cierto día se me dijo que el gato padecía la rabia y se me pidió autorización para que lo eliminase, ahogándolo. No tuve la fuerza moral para ir a certificarme de si la afirmación era verdadera y, sin más, concedí el permiso. Al poco tiempo se me comunicó que el criado de la cocina había ahogado al gato en una caldera. Como jamás aprecié al animal y no era mi compañero habitual, su desaparición me dejó indiferente.

La tarde del mismo día en que el gato fue muerto, me encontraba a solas en el comedor inmersa en la lectura (estoy muy segura de que no pensaba en gatos, ni en fantasmas), cuando de repente tuve el impulso de levantar los ojos y mirar hacia el lado de la puerta. Vi, o creí ver, que la puerta se abría lentamente, dejando entrar al gato sacrificado por la mañana. Era el mismo, no había ninguna duda, pero parecía haber adelgazado y estar todo mojado y goteando agua. Tan solo la expresión de su mirada ya no era la misma, porque me miraba con ojos humanos tan tristes que me causaron pena. Su mirada me ha quedado grabada en la memoria como una obsesión.

Estaba tan segura de lo que veía que no dudé de que me hallaba en la presencia del gato real, escapado del ahogamiento. Timbré llamando a la camarera y tan pronto como ella se presentó, le dije: Hay un gato allí, llévalo para fuera. Me parecía imposible que la doméstica no pudiese ver al gato, porque yo lo veía tan nítido y sólido como la mesa y las sillas, pero ella me miró asombrada y me dijo: Madame, yo estaba presente cuando William llevó el gato ya muerto al jardín con el fin de enterrarlo. Pero él está allí, añadí, no ves, cerca de la puerta. La camarera no veía nada, y al poco tiempo el gato empezó a volverse transparente y a desaparecer lentamente, tanto que acabé por no verlo más.

Está claro que la hipótesis de la clarividencia telepática no podría ser aplicada al caso que acabo de reproducir. Por el contrario, entre las hipótesis a que se podría recurrir para explicarlo, está la alucinatoria, que hubiera parecido bastante menos legítima si la camarera hubiese tenido la misma visión que la señora. En cambio, si se piensa que la señora Gordon Jones afirma que le era indiferente la muerte del gato, el cual, por el contrario, le inspiraba un sentimiento de aversión (lo cual haría alejar la principal condición predisponente a la visiones alucinatorias, es decir, el estado emotivo); si se considera por otra parte, que cuando el gato apareció la referida señora estaba inmersa en la lectura (lo cual excluiría que en ese momento ella estuviese pensando en el animal muerto) y, sobre todo, si se tiene en consideración que ella experimentó un impulso súbito e injustificado de levantar los ojos y mirar hacia el lado de la puerta, donde precisamente se produjo la aparición (circunstancia que caracteriza las manifestaciones realmente telepáticas tanto cuando éstas se producen entre las personas vivas como cuando se verifican entre los vivos y los muertos).

Si se observa este conjunto de circunstancias, se llegará a la conclusión de que el fantasma del gato aparecido a esa señora consistía en una manifestación telepático-espírita, cuyo agente era el animal sacrificado algunas horas atrás.

Ernesto Bozzano

Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"