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Pasando ahora a la exposición de los casos que ya no pueden explicarse por la clarividencia telepática, empiezo por un curioso suceso verificado en el sonambulismo magnético, que reproduzco del libro de Aldophe d’Assier (La Humanidad Póstuma), p. 83. Escribe este autor:
Hacia finales del año de 1869, hallándome en Bordeaux, me encontré cierto día con un amigo que se dirigía a una sesión de magnetismo, y él me invitó a que fuese en su compañía. Acepté la invitación, deseoso como estaba de ver de cerca los fenómenos magnéticos que solo de nombre conocía. La sesión no presentó nada de notable, pues fue la repetición de lo que se obtiene ordinariamente en esas circunstancias. Una muchacha servía de sonámbula y, a juzgar por la manera como respondía a las preguntas formuladas por los asistentes, debía ser bastante clarividente. Sin embargo, lo que más me sorprendió en el transcurso de esa sesión, fue un incidente imprevisto.
Hacia la mitad de la tarde, una de las personas que asistían a las experiencias, habiendo avistado una araña en el suelo, la aplastó con el pie. Inmediatamente la sonámbula exclamó: ¡Mirad, mirad! ¡Percibo el espíritu de la araña que se va! Se sabe que, en el lenguaje del médium, la palabra espíritu indica lo que yo denomino fantasma póstumo. El magnetizador preguntó: ¿Con qué forma lo ves? La sonámbula respondió: Con la misma forma de una araña. Desde aquel tiempo, yo no sabía qué pensar de ese extraño incidente. No dudaba de la lucidez de la sonámbula, pero, como no creía en ninguna manifestación póstuma humana, era natural que tampoco la admitiese en los animales.
La explicación del misterioso incidente me pareció clara varios años después, cuando, habiendo obtenido la certeza del desdoblamiento humano, yo me empeñaba en descubrir un fenómeno análogo entre los animales domésticos. Como resultado de mis investigaciones, me convencí de que la sonámbula de Bordeaux no había sido víctima de alucinación alguna, como ocurre algunas veces en las experiencias magnéticas, y que ella había observado un fenómeno objetivo y real.
El incidente expuesto es ciertamente notable y la circunstancia de que ha sucedido de manera inesperada contribuye a establecer la autenticidad supra normal del Caso. Si se consigue reunir un número suficiente de incidentes de esta especie, tomando las precauciones necesarias para evitar la posibilidad de una transmisión telepática del pensamiento del experimentador a la sonámbula, se habrá dado un gran paso para la demostración científica de la existencia de un periespíritu animal, absolutamente análogo al humano.
Es de veras asombroso que nadie haya intentado hasta ahora repetir una experiencia que en realidad es fácil, puesto que cualquier experimentador puede intentarla. Por el contrario, el incidente expuesto sigue siendo casi único hasta el momento. Recuerdo tan solo que algo semejante ocurrió, cierta vez, durante una de las sesiones con el médium Daniel Dunglas Home, pero la obra que contiene la narración del incidente es imposible de encontrar y debo limitarme a reproducir estos pocos renglones que extraigo de un artículo de la revista Light (1907, p. 311): En el libro publicado por el conde de Dunraven, no puesto a la venta y solo remitido a un pequeño número de amigos suyos, se encuentra el acta de una sesión en la cual Daniel Dunglas Home, entonces en trance, dice percibir el espíritu de un perrito, muy conocido de uno de los asistentes. Pues bien, en aquel instante, el animal moría y el médium había visto su espíritu cuando dejaba el cuerpo.
Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"
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