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Caso CXXIII - Mediúmnico PDF Imprimir E-mail
Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Martes, 20 de Abril de 2010 15:51

En este otro episodio, que parece explicable en principio por la hipótesis de la clarividencia telepática, se encuentra una circunstancia secundaria, haciendo suponer razonablemente que puede tratarse por el contrario de una clarividencia telepático-espírita. Lo reproduzco del vol. III, p. 130 de los Proceedings of the Society for Psychical Research. Forma parte del informe del doctor Hodgson sobre las experiencias con la señora Piper. El Sr. J. Rogers Reach escribe respecto de sus propias experiencias lo siguiente:

Entregué enseguida a la médium un collar de perro. Después de haberlo palpado durante algún tiempo, el doctor Phinuit, guía espiritual de la señora Piper, declaró que el collar había pertenecido a un perro cuyo dueño fui yo. Le pregunté entonces si, en la esfera espiritual, donde él se encontraba, había perros y me contestó que había miles de ellos. Y añadió que procuraría atraer la atención de mi perro por medio de su collar.

Cuando conversábamos, él se interrumpió para decirme: ¡He aquí que viene! Pienso que ya sabe que estáis conmigo porque lo veo que viene desde muy lejos. Me describió entonces el animal al que se refería, descripción que correspondía exactamente a la de mi perro, de raza collie. Terminó diciéndome: Llámelo ahora, señor Reach. Emití un silbido como aquel con que acostumbraba a llamarlo y Phinuit exclamó: ¡He aquí que llega! ¡Cómo corre! ¡Cómo vuela! Está ahora presente y salta alegremente en torno a vos. ¡Qué feliz está de volver a veros! ¡Rover! ¡Rover! No. ¡Grover! ¡Grover! Es su nombre.

En efecto, el perro se llamaba Rover, pero en 1884 le cambié el nombre por el de Grover, como recuerdo de la elección del presidente Grover Cleveland. Ese incidente, por sí mismo, no contiene ninguna circunstancia que pueda distinguirlo de los habituales casos de clarividencia telepática, pero hay un incidente colateral que lleva, por el contrario, a clasificarlo entre los casos telepático-espíritas. El narrador continúa así: Entre un gran número de cosas que el doctor Phinuit me reveló, se encuentra esta: me dijo que estaba constantemente cerca de mí un bebé que ejercía gran influencia sobre mi persona, ligado a mí por estrecho parentesco, y que se trataba de una hermanita. Le respondí que no tenía ni nunca había tenido hermana alguna, pero él replicó: Previamente a vuestra respuesta, yo sabía muy bien que nadie nunca os habló de vuestra fallecida hermanita. Se trata de una criatura mortinata.

Esto ocurrió varios años antes de vuestra venida a este mundo terreno. Cuando lleguéis a casa, preguntad a vuestra tía. No dejé de hacerlo y supe así, con gran asombro mío, que Phinuit había dicho la verdad. Mi tía me reveló que cuando vine al mundo, el caso de la criatura mortinata estaba olvidado y nunca hubo motivo para que me hablasen de eso. Pues bien, esta ignorancia mía absoluta al respecto demuestra muy bien que dicha comunicación no podía explicarse por la lectura del pensamiento. Si el segundo episodio no puede explicarse por la hipótesis de la lectura del pensamiento subconsciente, por la buena razón de que el consultante había ignorado siempre el hecho revelado por Phinuit, y que no podía haber, entonces, en su subconsciencia, trazas mnemónicas correspondientes al hecho en cuestión, si así es, entonces habrá razón para creer que el primer episodio comunicado por la misma personalidad mediúmnica, con el mismo médium, en la misma sesión, tenía igualmente origen extrínseca o espírita.

Ernesto Bozzano

Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"