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Caso CXXII – Visual-auditivo PDF Imprimir E-mail
Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Viernes, 16 de Abril de 2010 16:12

La revista espírita Light (Luz) publicó en 1921, p.594, la siguiente comunicación del Sr. Ernest W. Duxbury:

El problema de la supervivencia de la psiquis animal no puede ser científicamente resuelto sino reuniéndose un número suficiente de sucesos bien verificados, que proporcionen la prueba de esa supervivencia. Las discusiones filosóficas en nada cambian las cosas. El incidente que relato es de fecha reciente y solo me decido a publicarlo porque estoy bien seguro de su autenticidad, cualesquiera que sean las conclusiones que se puedan extraer de él. Sucedió con una dama de mi amistad, dotada de facultades mediúmnicas, aunque nunca se haya preocupado de desarrollarlas. Añado que conozco personalmente las circunstancias que llevaron a la referida señora al medio en que el suceso se produjo. La narración que reproduzco fue escrita y firmada por la misma, cuyo nombre solo puedo indicar con las iniciales N.Y.Z. He aquí lo que escribió:

Habiendo llegado súbitamente del extranjero, tuve necesidad de alquilar una habitación amueblada en una vieja casa de Londres y no tardé en apercibirme de que estaba infestado de ratas que allí producían durante la noche ruidos de todas clases, corriendo por el suelo y lanzando chillidos estridentes. Para protegerme contra esos huéspedes tan indeseables, tomé prestada una bella gata que me pareció enseguida feliz de hallarse en mi compañía. Me gusta mucho la raza felina y dicha gata correspondía bien a mi afecto; dormía en mi cama y me colocaba sus patas delanteras en torno al cuello, roncando tan fuertemente que me impedía dormir. Desgraciadamente la gata se puso enferma y, cierto día, entrando en mi aposento sobre las diez, la encontré muerta, para grande y dolorosa sorpresa mía.

Esa misma noche las ratas comenzaron sus divertimentos y me dispuse a encender el gas y ponerme a leer, no atreviéndome a dormir con tal compañía, pero el depósito del contador del gas estaba casi agotado y a las tres la llama se extinguió. Encendí entonces la lamparilla y me metí bajo las mantas, porque la presencia de los pequeños roedores me causaba enojo y miedo. De repente, oí a la gata roncar ruidosamente. Escuché durante cerca de un minuto, después decidí levantar la cabeza para mirar; observé entonces algo extraño: vi, delante de la pared contigua a un lado de la cama, al nivel de mi cabeza, una especie de disco opaco, del diámetro de una gata blanca y negra, absolutamente igual a la que acababa de morir. Me miró, haciendo varias veces un movimiento de cabeza a la manera característica de la gata muerta, enseguida su cuerpo se volvió transparente durante algunos segundos, y luego adoptó una forma opaca más consistente que la anterior; entonces vi a la gata mirar hacia arriba, como si allí hubiese alguien.

La aparición era tan real que dirigí la palabra a la gata como si ella estuviese viva, pero repentinamente desapareció. En su totalidad el fenómeno había sido de corta duración, pero durante toda la noche ya no volví a ser incomodada por las ratas, aunque no lograse dormir más que entre largos intervalos. No había posibilidad alguna de que otro gato entrase en mi cuarto, porque la puerta y las ventanas estaban bien cerradas, aparte de que, al romper la mañana, no hallé ningún gato vivo en él. Cuando el fenómeno se produjo, yo no había adormecido aún, y estaba perfectamente consciente de encontrarme despierta.

En el caso que acabo de reproducir, la descripción de un disco opaco que toma, poco a poco, la forma de la gata muerta, recuerda muy cercanamente el proceso normal de las materializaciones mediúmnicas y, como el Señor Duxbury, al comunicar a Light esta narración, tuvo el cuidado de observar que la señora de este caso poseía facultades mediúmnicas, es completamente aceptable que ella hubiese asistido realmente a una sesión de materialización del animal.

La otra circunstancia, la de que los ratones ya no volvieron a moverse durante toda la noche, sería un testimonio en favor de esta interpretación, porque mostraría que los roedores percibieron, de algún modo, el fenómeno supra normal y quedaron espantados. Si se tratase entonces de un caso de pura y simple alucinación, las ratas no habrían experimentado sus efectos, y hubieran continuado corriendo por el suelo.

Ernesto Bozzano

Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"