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Caso CXVII - Mediumnidad vidente PDF Imprimir E-mail
Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Martes, 06 de Abril de 2010 15:10

El Sr. Paulo G. Leymarie, padre, que fue director de la Revue Spirite, publicó en 1900 el siguiente suceso:

En el mes de enero de 1887 la señora Bosc, viuda del eminente ingeniero, estaba sentada cerca de la chimenea de nuestro apartamento en el número siete de la calle de Lille, en París, cuando el conde Levoff, presidente de la Alta Corte de Moscú, recién llegado de Rusia, nos hizo la primera visita. Lo habíamos presentado a la señora Bosc y, mientras yo escribía, ellos conversaban. En determinado momento, la señora Bosc dijo: Percibo a vuestro lado un perro que parece estar muy ligado a vos. Es un gran terranova blanco, con las patas y las orejas negras y una estrella negra en la frente. Tiene en torno al pescuezo un collar de plata, cerrado con una pequeña cadena, con la inscripción Serge Levoff y el nombre del perro (que la vidente citó, pero el señor Leymarie olvidó). Tiene una linda cola larga y os acaricia, mirando hacia vos.

Ante estas palabras los ojos del señor Levoff se llenaron de lágrimas y él contó: En mi infancia yo era ágil y diestro y mis padres me confiaron la guarda de mi perro, que fue exactamente descrito. Él me salvó la vida más de una vez, sacándome de las aguas del río en que estaba a punto de ahogarme. Tenía doce años cuando perdí al fiel amigo y lloré como si perdiese a un hermano. Me siento feliz al saber que él está cerca de mí, con la seguridad de que esos compañeros de nuestras vidas tienen un alma inteligente que sobrevive a la muerte del cuerpo y un periespíritu con que pueden reconstituir sus cuerpos, aún con el collar y su inscripción. Aparte de esto, puedo reconocer en usted a una médium de gran poder, que ha despertado en mí recuerdos de hace cuarenta años. Gracias, madame, y que Dios la bendiga.

La señora Bosc vio aún al perro hacer grandes manifestaciones de alegría y después desaparecer poco a poco. Ahora bien, nosotros no esperábamos al conde Levoff, a quien la señora veía por primera vez, ni había existido nunca relación alguna entre nosotros. Por mi parte yo no sabía que el nombre propio del conde era Serge. Así es como se producen las manifestaciones de la clarividencia telepática en sus más simples y típicas formas, siendo preciso convenir que, si no conociésemos ejemplos de lectura en las subconsciencias de otros, obtenidas en el sonambulismo magnético, y no menos circunstanciales o impresionantes, al igual que un gran número de ejemplos más maravillosos todavía, obtenidos por la psicometría, seríamos llevados a atribuir un valor objetivo a los sucesos análogos al que acabamos de exponer; pero cualquier persona cuyo espíritu tenga garbo científico, no se dejará engañar por las apariencias y concluirá observando que, en ausencia de circunstancias colaterales que contribuyan a demostrar el origen extrínseco de la visión de la señora Bosc, hemos de encararlo como producido por un fenómeno de lectura subconsciente del pensamiento.

No contesto, en modo alguno, lo que puede haber de misterioso en una clarividencia que extrae, en la subconsciencia de otro, un incidente acaecido cuarenta años antes, de preferencia a tantos otros más cercanos que, a causa de sus fechas recientes, deberían ser más perceptibles a las facultades supra normales. Sí, ciertamente, el suceso presenta algo de inconcebible y contradictorio y, no obstante, esto se produce incontestablemente en los casos de clarividencia telepática. Solamente nos resta entonces acoger esta interpretación de los hechos, resignándonos a nuestra ignorancia. Por cierto, una solución satisfactoria del misterio podría obtenerse suponiendo que, en el caso que examinamos, el tema de la conversación haya llevado a la memoria del señor Levoff el tierno episodio de su infancia, haciéndolo así actual para las facultades penetrantes de la clarividencia telepática.

Ernesto Bozzano

Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"