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Me apresuro a declarar que las investigaciones experimentales sobre las manifestaciones animales tratadas en esta categoría se encuentran aún en condiciones rudimentarias, de modo que esos fenómenos aún no pueden ser considerados bajo un punto de vista científico; y yo me contentaré con mencionar la cuestión para que no haya una apariencia de laguna en mi obra. Entre las actas de las sesiones experimentales de efectos físicos, los casos en que se alude a materializaciones de formas de animales no son muy raros. Si bien, como se trata casi siempre de manifestaciones inesperadas y fugaces, las descripciones que de ellas se nos proporcionan nunca son tan bien detalladas como para que se autorice a considerarlas científicamente probatorias. Podrán, no obstante, adquirir un día cierta importancia desde el punto de vista de la historia de esta rama especial de fenómenos, y esto tendrá lugar cuando esas manifestaciones vayan ligadas a la ciencia al mismo tiempo que las otras ramas más evolucionadas del mismo tronco supra normal, y se puede esperar que así sea sin pecar de temerarios en las previsiones.
Visando a la futura historia de esa nueva rama de pesquisas, me dispongo entonces a relatar algunos sucesos del género, a simple título anecdótico y, consiguientemente, sin atribuirles un número de orden, puesto que no se puede reunirlos, por el momento, en una clasificación científica.
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Si nos reportamos medio siglo atrás en la cronología de las manifestaciones mediúmnicas, encontramos una primera alusión a las manifestaciones de animales en una carta remitida a Light (1907, p. 27) por Alfred Vout Peters, el conocidísimo médium psicómetra; en esa carta, hablando sobre la visión de un animal muerto que acababa de tener, añade: Recuerdo que, en las sesiones con la señora Comer (la médium, entonces soltera, Florence Cook), se obtuvo la materialización de un mono, con gran terror de la médium, que no esperaba semejante manifestación. Encuentro otra alusión análoga, aunque algo más detallada, en la obra del Dr. Paul Gibier, Analyse des Choses, p. 210, en la cual, tratando de los fenómenos de materialización que se producían en la casa del coronel M., de la Escuela Politécnica de París, observa: En las sesiones con el coronel M. (1875/1877), asistidas por diferentes notabilidades científicas del ejército, la médium era la hija adoptiva del propio coronel. Un fenómeno que, sobre todos, me despertó la atención en el transcurso de una serie de experiencias, y que yo registro para aquellos que están bien iniciados en esos estudios, fue la materialización perfecta de un perrito, muerto hacía algunos años, que pertenecía al coronel.
En la obra de Gambier Bolton, titulada Ghosts in Solid Form (Fantasmas en Forma Sólida), en la cual se hallan resumidas las principales manifestaciones obtenidas durante siete años de experiencias con médiums privados, se encuentran algunas materializaciones de animales. En el transcurso de una sesión a que asistía el mariscal de campo Lord Wolseley, se produjo la materialización de una foca; y en otra, la de un animal salvaje de la India, que había sido educado y domesticado por una señora presente en la reunión. El animal, habiendo inmediatamente reconocido a su antigua dueña, había saltado de las rodillas de la médium para las de la referida señora, manifestando su alegría por medio de chillidos muy característicos, idénticos a los que emitía cuando vivo, en iguales circunstancias. Durante las famosas sesiones de materialización que tuvieron lugar en Argel en 1905 con la médium Marthe (la Eva C. de la señora Bisson), en presencia del profesor Charles Richet y de Gabriel Delanne, una forma animal se materializó.
La señora X. habla de ella así: El profesor Richet no habló sino de las manifestaciones que se ligan a la figura central de Bien-Boa, pero no creo que él sea contrario a que yo relate un curioso incidente que sucedió en la sesión de siete de septiembre. La gatita de casa nos había seguido, sin que lo notásemos, a la sala de las sesiones y, cuando ocupamos nuestros lugares, saltó sobre mis rodillas y ya no se movió. Durante cerca de media hora no hubo sino débiles fenómenos. En seguida las cortinas del gabinete mediúmnico fueron abiertas por una mano envuelta en una de las cortinas, dejando ver al médium, acompañado de la forma materializada de Aischa. Inmediatamente la gatita dejó mis rodillas para saltar sobre las del médium, pero cuando estaba allí, su atención pareció fijarse en alguna cosa existente en el rincón del gabinete. Uno de nosotros observó: Qué estará viendo ella. Y una voz respondió desde el rincón del gabinete: Ella me ha percibido. Simultáneamente una forma envuelta en la cortina se encaminó hacia la gatita, empezó a hacerle mimos y a jugar con ella. El bicho correspondió a ellos alegremente, frotándose contra la orla de la cortina, pero la dejó enseguida para volver la mirada hacia el rincón B del gabinete, adoptando una actitud de defensa, como si estuviese en presencia de una criatura hostil, y a continuación empinó el dorso y se puso a bufar y a maullar de modo amenazador. Una voz, desde el rincón B, dijo entonces: Ella percibe a otro gato; y al mismo tiempo, oímos, desde el mismo rincón, un fuerte maullido haciendo eco al de la gata. Ésta saltó de las rodillas de la médium a las de la señora Paulette, uno de los miembros de nuestro grupo experimental, mientras oíamos provenir, por dos veces, desde el rincón, los maullidos del gato materializado; después de esto, una masa negra, de la dimensión de un gato, saltó a las rodillas del médium y allí permaneció durante cerca de dos minutos para desaparecer enseguida, de una manera bastante especial, visto que pareció disolverse lentamente. (Light, 1921, p. 594).
En el transcurso de las sesiones con la célebre médium señora Wriedt, cuyo rasgo más característico está constituido por los fenómenos de voz directa, se obtienen muchas veces materializaciones de animales que hacen oír sus voces. Me limito a reproducir dos ejemplos: En el acta de las sesiones de Cambridge, Inglaterra, realizadas en 1914, un magistrado de esa ciudad las refiere así en Light, 1914, p. 296: Durante la primera sesión realizada en Wimbledon, mi esposa notó una presión característica sobre uno de sus pies, pero no supo precisar de qué se trataba. Esto volvió a suceder varias veces, dando lugar a diversas suposiciones por parte de los experimentadores. De repente, fuimos sorprendidos por el ladrido de un perro y entonces preguntamos al espíritu-guía, Dr. Sharp, qué nos podría decir respecto de esos ladridos; y él nos respondió: Está aquí un perro faldero que pertenecía a vuestra esposa. En efecto, varios años antes habíamos perdido un faldero al que teníamos mucho afecto y que ya había sido visto con nosotros, en otras sesiones, por médiums clarividentes. Superfluo será el añadir que la médium no podía saber nada de esto.
En otra sesión con la misma médium, cuya acta fue publicada en Light (1921, p. 490), el Sr. A.J. Wood dice: Llevé a la sesión a uno de mis amigos, acompañado de su esposa. La señora Wriedt describió, con mucha precisión, un perro de la raza collie que ella percibía al lado de esos amigos míos. En dado momento, dirigiéndose a la esposa, la médium dijo: Él ha posado su cabeza sobre vuestras rodillas. En el mismo instante, oímos partir desde ese rincón un ladrido fuerte y alegre. Pues bien, efectivamente, mis amigos habían tenido un perro collie, que era su gran favorito, muerto varios años antes y cuya descripción correspondía exactamente a la que hizo la médium. Cito en último lugar algunos extractos de las actas de las sesiones con el médium polaco Franek Kluski, publicadas en la Revue Métapsychique, de donde sobresale que nos hallamos verosímilmente frente a una primera contribución experimental seria en favor de la materialización de animales.
En el fascículo de julio/agosto de 1921 (p. 201) de la mencionada revista, el doctor Gustavo Geley, que asistió a las sesiones, había anunciado la publicación inminente de las actas respecto del extraordinario fenómeno de las materializaciones de animales, en los siguientes términos: Las materializaciones de formas animales no son raras con Kluski. En las actas de las sesiones realizadas en la Sociedad de Estudios Psíquicos de Varsovia, que publicaremos en breve, veremos señalados, especialmente, una gran ave de rapiña, aparecida en varias sesiones y fotografiada; y después un ser bizarro, una especie de intermedio entre el mono y el hombre. Está descrito con la altura de un hombre y un rostro simiesco, pero con una frente desarrollada y recta, cara y cuerpo cubiertos de pelo, brazos muy largos, manos gruesas y largas, etc. Se muestra siempre mudo, toma las manos de los asistentes y las lame, como haría un perro. Pues bien, ese ser, al que habíamos llamado El Pitecántropo, se manifestó varias veces durante nuestras sesiones. Uno de nosotros, en la sesión de veinte de noviembre de 1920, sintió como apoyaba la cabeza peluda sobre su hombro derecho y contra su cara. Esa cabeza estaba ornada de cabellos duros y desagradables. Un olor a bicho, a perro mojado, se desprendía de él. Uno de los asistentes, habiendo entonces tendido una de las manos, el Pitecántropo la sujetó y después la lamió prolongadamente, por tres veces. Su lengua era larga y suave. Otras veces, sentimos junto a nuestras piernas contactos que recordaban el roce de los perros. El informe de las sesiones a que se aludió en el párrafo anterior fue publicado en el número de enero/febrero de 1923, p. 27/39, de la Revue Métapsychique. Extraigo del acta de la sesión de treinta de agosto de 1919 el siguiente pasaje: Vimos, simultáneamente, varias apariciones. La primera, que se hizo ver bien, fue una aparición que ya era conocida de los asistentes por las sesiones anteriores. Era un ser de la altura de un hombre adulto, grandemente peludo, con enorme cabellera y barba enmarañada. Iba vestido con algo como una piel grosera y su apariencia era la de un ser que recordaba a un animal o un hombre muy primitivo. No hablaba, sino que emitía sonidos roncos con sus labios, chasqueaba la lengua y hacía crujir los dientes, procurando en vano hacerse entender. Cuando fue llamado se acercó y dejó acariciar su peluda capa, tocaba las manos de los asistentes y las estrechaba muy suavemente con garras en vez de manos. Obedecía a la voz del médium y no hacía daño alguno a los asistentes, puesto que los tocaba suavemente.
Ya había cierto progreso, porque en las sesiones anteriores ese extraño ser manifestaba gran violencia y brutalidad. Tenía visible tendencia y voluntad tenaz de lamer las manos y la cara de los asistentes, que se defendían de esas caricias tan desagradables. Obedecía a cada orden dada por el médium, no solo cuando esa orden era expresada de palabra, sino cuando se expresaba a través del pensamiento. Extraigo este otro pasaje del acta de la sesión de 3 de setiembre de 1919. Escribe el relator: Simultáneamente el médium y las personas sentadas en torno a él sintieron la presencia del animal-hombre primitivo, como en las sesiones anteriores. Esa materialización hizo la vuelta a los asistentes, lamiéndoles las manos y la cara, sobre las cuales paseaba su mano o pata peluda, o apoyaba en ellos su cabeza hirsuta. Todos esos gestos fueron lentos y no bruscos. Esa entidad solo demostraba cierta animosidad contra la gatita de la señora Kluska, de nombre Frusia, que se había tendido sobre las rodillas de la señora Grzelak. La materialización tiró de los pelos y de las orejas a la gatita, que empezó a afligirse y a maullar. Finalmente, muy espantada, la gatita saltó de las rodillas de la señora Grzelak y fue a refugiarse en el sofá, entre las personas que allí se encontraban, y no se volvió a mover. La sesión fue suspendida durante algún tiempo, y al recomenzarla el hombre primitivo se materializó nuevamente; el acta continúa así: Desde el comienzo vimos varias apariciones entre las cuales estaba la del ‘hombre primitivo’. Éste permaneció todo el tiempo sentado en el suelo, sobre la alfombra, entre los asistentes, manteniéndose relativamente tranquilo, pero no permitió ser iluminado con linternas e incluso llegó a arrebatar la que sujetaba la señora Kluska.
Las actas en cuestión contienen otros tres episodios de materialización del mismo fantasma del hombre primitivo y yo no las reproduzco, considerando que son análogas a las anteriores. En lo que atañe a las materializaciones de la gran ave de rapiña, no hallo en esas actas sino una única alusión a uno de los sucesos, es decir, en la sesión de 7 de septiembre. El relator escribe así: A las once y veinte minutos vimos un gran pájaro (como el águila o el buitre de la sesión nº 1), bien materializado y bien iluminado, por encima de la cabeza de la señora Jankowska. Escuchamos también estallidos y ruidos de pasos. Hago observar a propósito que, en la Revue Spirite (enero/febrero de 1923), fue estampada una bellísima fotografía del ave de rapiña de que hablo, que fue vista encaramada sobre el hombro izquierdo del médium, con sus grandes alas abiertas y la penetrante mirada dirigida a los experimentadores. Tales son las manifestaciones, todas recientes, de materializaciones de animales, las cuales revisten importancia al mismo tiempo científica y metapsíquica; y la circunstancia de que el gran pájaro de rapiña haya sido fotografiado es de gran valor teórico decisivo, puesto que basta para eliminar la hipótesis alucinatoria. Y ¿qué esperanzas de una futura ciencia antropológica supra normal no permite esa aparición materializada de un ser que presenta todos los rasgos característicos de uno de nuestros lejanos ancestros, lazo de conjunción entre el hombre y los monos antropoides, confirmando las inducciones de los naturalistas sobre la existencia del Pithecantropus Alalus?
El tema es, sin duda, asaz apasionante y sugiere muy naturalmente amplias consideraciones sobre la filogénesis humana, pero no debemos aventurarnos aquí en cuestiones prematuras. Del conjunto de los casos citados hasta aquí se puede deducir, en suma, que los episodios de las materializaciones animales toman muchas veces el aspecto de pruebas de identificación espírita para la raza animal, pruebas análogas a las de identificación espírita para el género humano. De ello resulta que, si esta nueva rama de pesquisas puede evolucionar, habrá de contribuir con las demás a demostrar espiritualmente la existencia y la supervivencia de la psiquis animal. Preveo la objeción que se me podrá oponer al respecto: la de que los fenómenos de materialización humana, tanto como los fenómenos de materialización animal, son explicables por la hipótesis ideoplástica sin que sea preciso recurrir a la hipótesis espírita. Respondo que, si la hipótesis ideoplástica es suficiente para considerar ciertas modalidades rudimentarias de materializaciones humanas y animales, si ella es verdaderamente la causa de esos fenómenos, sería, por el contrario, absurdo e insostenible extender esta explicación a la clase entera de los fenómenos considerados. Respecto de esto nunca será bastante repetir que animismo y espiritismo son dos términos inseparables de un mismo problema y que, por consiguiente, en las manifestaciones mediúmnicas de toda clase, nos hallaremos forzosamente frente a formas de manifestación que son, en parte, anímicas y, en parte, espíritas. Y no podría ser de otro modo; incluso sería absurdo pretender lo contrario, considerando que en ambos casos el espíritu que opera es el mismo, con la diferencia, no obstante, de que en un caso él se halla en la condición de encarnado y en el otro, de desencarnado. Nada más natural, entonces, que esta combinación inseparable de los dos órdenes de manifestaciones se produzca también en los casos de fenómenos de materialización, en los cuales, sin embargo es relativamente fácil distinguir entre los fenómenos anímicos y espíritas.
En efecto, tal como he observado en otra de mis obras, el caso del espíritu de Katie King, que cuenta a los hijos de William Crookes su vida terrena; el de Estepe Livermore, que escribe a su marido largas cartas en francés, idioma ignorado por la médium; el otro de Nepenthes, de la señora d’Espérance, que afirma haber vivido en los tiempos históricos de la Grecia antigua y que escribió un mensaje de siete renglones en griego antiguo, idioma ignorado por todos los asistentes; estos casos no podrán nunca ser explicados por la hipótesis ideoplástica y habrán de considerarse incontestablemente espíritas. Se puede decir otro tanto del caso Sven Stromberg-d’Espérance, en el cual un oscuro pastor sueco, emigrado y fallecido en Canadá, en una región perdida en el campo, se manifiesta por la escritura automática sesenta horas después de su desencarnación, se materializa seguidamente, es fotografiado por el profesor Bloutlerof en presencia de Alexandre Aksakof y de otros eminentes experimentadores, tras lo cual la fotografía es enviada a Suecia, pequeño país natal de Sven Stromberg, a la dirección dada por el propio espíritu y allí es identificada por numerosos compatriotas del muerto (Light, 1905, p. 43/45), y Shadowland (En el país de las sombras), por la señora d’Espérance. Es evidente que en los casos análogos a este último, la hipótesis ideoplástica queda excluida al considerar que el poder creador del pensamiento del médium no podía ciertamente materializar los rasgos de un muerto al que no conocía y que los propios asistentes desconocían. De ahí la inferencia inevitable de que, si un muerto, desconocido para todo los asistentes, llega a materializarse, la cosa no puede ser explicada más que suponiendo que él se encuentra presente y actúa.
Esa inferencia no puede ser discutida y, como no hay hipótesis racional que se le oponga, ella se reviste de un valor de prueba decisiva. Tan solo, como se trata en nuestro caso de materializaciones animales, vemos surgir respecto de esto una importante duda teórica. Se puede observar, efectivamente, que las materializaciones auténticas de espíritus humanos desencarnados pueden ser hasta cierto punto comprensibles, por el hecho de que nosotros podemos controlar las afirmaciones de las personalidades mediúmnicas según las cuales las materializaciones se produjeron gracias a un acto de la voluntad de la entidad que se manifiesta. Y podemos controlar esas afirmativas comparando los fenómenos de materialización con ciertas manifestaciones teratológicas del desarrollo orgánico, tales como las señales maternas y las cicatrices, que se pueden comparar a un fenómeno de ideoplastia subconsciente y, por consiguiente, a un ensayo rudimentario terrestre del poder creador de la idea. Esas manifestaciones anormales hacen entonces verosímil el hecho de que el proceso de materialización tiene lugar por fuerza de un acto de voluntad de la entidad manifestante, pero no se sabría cómo considerar las materializaciones de animales, en las cuales, a falta de facultades de raciocinio suficientemente evolucionadas, el acto de voluntad necesario no sería posible. El asunto es teóricamente interesante.
Antes de discutirlo según mi manera de abordar las cosas, reproduzco aquí la opinión de una persona profundamente versada en los estudios metapsíquicos, persona con la cual he intercambiado algunas cartas a ese respecto. Escribe ella: ¿No habría que preguntarse si las facultades subliminales de los animales – de algunos, sobre todo – no serán infinitamente superiores a las que se manifiestan durante la vida encarnada, en el transcurso de la cual (por fuerza de la estructura rudimentaria de su organismo cerebral) un animal es colocado en una posición casi siempre inferior al alma de un hombre, lo cual reduce momentánea o definitivamente su condición? ¿Por qué un perro muerto debería encontrar más dificultad para materializarse que un perro vivo y no ser agente de un fenómeno telepático? Los dos fenómenos pueden probablemente efectuarse automáticamente al igual que la ostra construye automáticamente su concha, la araña su tela, la abeja el panal y la miel, etc. Y esto, bien entendido, sin siquiera entrar en la cuestión obscura de la inteligencia, sobre todo matemática, que ejecutan los animales cuando nos dan una comunicación automática (caballos de Elberfeld, perros de Manheim, etc.).
Prefiero no levantar esta cuestión precisamente porque ignoro cuál sea el papel que pueda desempeñar, en todo esto, la colaboración inconsciente del hombre. Nuestros médiums ¿saben hasta entonces cómo producen sus fenómenos supra normales no espíritas y, por ejemplo, las materializaciones puramente ideoplásticas? Tales son las argumentaciones racionales y convincentes sugeridas a mi correspondiente por la dificultad teórica en cuestión. No puedo sino observar, en cambio, que su punto de vista depende del hecho de admitir que la mente subliminal de los animales sea con mucho superior a la que se manifiesta en su vida encarnada, hasta el punto de que su personalidad espiritual pueda tener la voluntad de materializarse, voluntad indispensable en semejante circunstancia. Para aquellos que no se sentirían en condición de conceder a la subconsciencia animal una voluntad y una inteligencia casi humanas, yo les haré apreciar que se podría resolver el enigma de otra manera, es decir, acogiendo las explicaciones que proporcionan respecto de esto las personalidades mediúmnicas que se comunican y que afirman que una entidad desencarnada, tanto humana como animal, no pudiendo llegar sola a tornarse tangible, deberá haber obtenido el concurso de numerosos espíritus auxiliares para materializarse.
Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"
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