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Caso XCIII PDF Imprimir E-mail
Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Martes, 23 de Marzo de 2010 16:36

(Visual, con impresiones colectivas) – Lo recojo en el Journal of the S.P.R. (vol. XIII, p. 52/64). Forma parte de un largo informe sobre una casa encantada en la cual aparecían los fantasmas de una mujer vestida de negro, un hombre ahorcado en la rama de un árbol y un perrito, percibidos por numerosos perceptores. En el informe están señaladas catorce apariciones del perrito, pero me restrinjo a narrar aquí la primera de ellas:

He de llamar la atención de los lectores para el hecho de que, cuando el animal rozaba a los perceptores en alguna parte del cuerpo, ellos experimentaban enseguida una sensación de quemadura en el punto en que se había ejercido la presión alucinatorio-verídica del cuerpo del perro fantasma. La señora Fletcher escribe, respecto de esto, lo siguiente: He aquí lo que cuenta la señora Fletcher, residente en la casa encantada.

El perrito blanco hizo su primera aparición en el mes de enero de 1900. En un atardecer, mi marido salió de la biblioteca, donde estaba a solas, y me dijo: He visto un perrito blanco en la biblioteca. Y yo le contesté sonriendo: Nada más natural, pues nuestros dos perros suelen pasar de un aposento a otro; pero mi esposo, serio, añadió entonces: No estoy hablando de tus perros. Mientras yo escribía, he visto un perrito blanco andar en torno al secreter y caminar hacia la puerta, que estaba cerrada.

Pensando que fuese Nipper, me levanté a fin de abrir la puerta, pero el perrito había desaparecido. Después de ese primer incidente, las apariciones del perrito blanco se hicieron frecuentes y todos nosotros hemos podido verlas, incluso los criados, nuestros huéspedes, la Srta. Plumtre (cuya narración se acompaña) y su hermano. Respecto de mi pierna, por encima de la rodilla, que el perro había rozado al pasar, experimenté, durante varias horas, una sensación de picadura bastante aguda, al igual que la de una ligera quemadura. Mi hija Eglantine no se hallaba presente cuando hablé sobre esto, y sin embargo, poco tiempo después, observó espontáneamente: Mamá, en el lugar de mi pierna en que la nariz del perro me tocó, siento una sensación de quemadura.

Algo más adelante, observa la señora Fletcher: No he llegado a descubrir ningún incidente del pasado que tenga relación con la aparición del perrito blanco excepto que, hace treinta años, yo tenía un foxterrier blanco de pelo duro, que había sido mi gran favorito, el cual tenía gran parecido con el que se manifiesta. Esta última observación de la señora Fletcher dejaría suponer que, en este caso, ya se trataría de un primer ejemplo de identificación de una forma animal, pero esta observación es realmente muy vaga para poder tomarla en consideración.

No es sino poniéndolo en comparación con casos análogos, que citaré en la octava categoría, como llega a adquirir, indirectamente, cierto valor probatorio. De todos modos, no se sabría ligar el hecho de la aparición verídica de un perro muerto hace algunos años apenas con las apariciones de fantasmas de hombre y de mujer, a menos que no se quiera inferir de esta coincidencia que las condiciones de saturación fluídica inherente a un medio encantado hayan hecho posible al perro el manifestarse.

Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"