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(Visual-colectivo, con anterioridad del animal sobre el hombre) – en la relación muy bien documentada que la señora R.C.Morton proporcionó a la Society for Psychical Research, respecto de la casa embrujada en que ella vivía, en la cual se aparecía, entre otras cosas, una forma de mujer de negro, refiere así la actitud de su perrito foxterrier:
Recuerdo haberlo visto, por dos veces distintas, correr hacia el fondo de la escalera del vestíbulo, moviendo alegremente la cola y haciéndose el importante, como hacen los perros cuando esperan caricias. Él corrió hacia allí con una expresión de alegría, precisamente como si una persona se hallase en aquel lugar, pero luego lo hemos visto escapar a toda prisa, con la cola entre las piernas, y refugiarse, todo trémulo, bajo el sofá. Nuestra impresión firme es que él había visto un fantasma (Proceedings, vol. VIII, p. 323).
Por los dos primeros casos históricos narrados aquí, al igual que por el caso LXXX, se puede ver que los animales perciben manifestaciones metapsíquicas que escapan a las personas presentes, prerrogativa animal que tiene un ejemplo en el caso LIII, del cual hemos hablado en los comentarios al caso LXI. Algo más adelante, relataremos otro acontecimiento notable que le sucedió a la señora D’Espérance (Caso XCV). En los comentarios al caso XVI, donde se trató, si bien se recuerda, de manifestaciones experimentales con inicio de materialización de espíritu, hice notar que el hecho de que los animales parecían percibir la presencia de una forma espiritual, cuando incluso las personas presentes no percibían nada, podía ser explicado suponiendo que los ojos de ciertos animales serían sensibles a los rayos ultravioleta (como la placa fotográfica) y que, por consiguiente, ellos llegarían a discernir con los ojos corporales lo que era invisible a los ojos humanos.
Sin embargo, esta hipótesis – justa respecto de las circunstancias en que la había propuesto – no parece aplicable a los casos que examinamos ahora, en los cuales se trata de fenómenos, no objetivos, sino subjetivos. En estas condiciones es preciso concluir que los animales se muestran efectivamente mejor dotados que el hombre en lo que atañe a la sensibilidad subliminal, en las manifestaciones supra normales. Los casos en que los animales se mostraron refractarios a la producción de fenómenos psíquicos percibidos por el hombre son absolutamente raros, mientras que los hombres refractarios a esas mismas manifestaciones constituyen la gran mayoría.
Es difícil conocer la causa de tal supremacía de la susceptibilidad animal a las percepciones de la actividad subconsciente o espiritual, pero como esa prerrogativa parece existir, en condiciones análogas, entre los pueblos salvajes, siendo que entre éstos las facultades telepática y telestésica son bastante frecuentes, sería preciso deducir que la causa consiste, o en la mentalidad todavía virgen de ellos, exenta de prevenciones habituales de un medio contrario al ejercicio de las facultades subconscientes, o bien en la circunstancia de que su actividad psíquica no está continuamente gastada por los cuidados y las preocupaciones de la vida civilizada. La justeza de estas observaciones queda demostrada por el hecho, muy conocido, de que, entre los sensitivos clarividentes, basta una contrariedad pasajera o una ligera condición de ansiedad o de preocupación para neutralizar completamente sus facultades supra normales.
Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"
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