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En una casa embrujada de Hammersmith (Proceedings of the S.P.R., vol. III, p. 1-15/16), en la cual se oían ruidos de todas clases, incluso el eco de pasos y el sonido de llantos y suspiros, donde se veían puertas abrirse sin causa alguna aparente, donde, en fin, aparecía una forma de mujer que fue vista sucesivamente por tres personas adultas y una niña de seis años, el perro de la casa percibía, a su vez, los fenómenos.
Al poco tiempo – escribe la señora K. – los antiguos ruidos recomenzaron en nuestra pequeña biblioteca. Eran sonidos de objetos que se desplomaban, ventanas que se agitaban violentamente, estremecimientos tremendos por toda la casa; en fin, de la misma manera la ventana de mi cuarto empezó a agitarse ruidosamente.
Mientras tanto, el perro aullaba sin cesar y el ruido de los golpes y caídas aumentaba en intensidad. Dejé mi cuarto y me refugié en el de Elena, donde pasé el resto de la noche. A la mañana siguiente, el perro mostraba claramente que la visión del cuarto embrujado lo aterraba todavía.
Lo llamé para que entrase conmigo allí, pero él se encogió en el suelo, metiendo la cola entre las piernas. Se veía que tenía miedo de entrar allí. Yo estaba sola en mi casa, con Elena y la gobernanta.
Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"
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