Browse this website in:
Google
Web
Buscar en Luz Espiritual

La weblog Espirita de Mari

 

Radio Colombia Espirita

Hora local

Barcelona-España

La televisión espirita

 

Caso LXXI PDF Imprimir E-mail
Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Jueves, 21 de Enero de 2010 16:38

El doctor Gustavo Geley, primer director del Instituto Metapsíquico Internacional de París y autor de obras metapsíquicas que se han convertido en clásicos, decidió hacer una experiencia personal de estas facultades supra normales de los animales y la describe así en su libro De L’Inconscient au Conscient, p. 192:

Cierta noche yo velaba, en calidad de médico, a una joven que, alcanzada aquel mismo día y en plena salud por un mal fulminante, estaba en agonía. La enferma estaba en estertores. Era la una de la madrugada (la muerte le sobrevino de día). Repentinamente, en el jardín que circundaba la casa, sonaron los aullidos de la muerte, soltados por el perro de la casa. Era un sonido lúgubre y lastimero de una única nota, decreciendo hasta extinguirse muy dulce y lentamente.

Tras un silencio de algunos segundos, el lamento se repitió, idéntico y monótono, infinitamente triste. La enferma tuvo un momento de consciencia y nos miramos ansiosos. Ella había comprendido. El marido salió aprisa para hacer callar al animal, que ante su aproximación se escondió, y en medio de la noche, fue imposible encontrarlo. Tan pronto regresó el marido, recomenzó el lamento, y fue así durante más de una hora, hasta que el perro pudo ser atrapado y alejado de allí.

¿Qué debemos pensar de tales manifestaciones? El narrador de este caso fue un científico muy distinguido, la autenticidad del hecho es incontestable, los aullidos del perro fueron evidentemente característicos, la premonición de muerte se verificó, de modo que no se puede entonces dejar de concluir que el animal tuvo realmente un presentimiento de la muerte inminente de una persona de su casa, a menos que se prefiera explicar los hechos por la hipótesis de las coincidencias fortuitas.

En este caso, faltaría explicar por qué los perros emiten, en tales circunstancias, los aullidos absolutamente característicos que el narrador describió con tanta precisión. Mejor dicho, si la hipótesis de las coincidencias fortuitas puede bien sostenerse en un caso aislado, ya no podría mantenerse si las manifestaciones de esta naturaleza se llevan a cabo muchas veces. Pues bien, es indudable que efectivamente se producen con frecuencia, aunque, debido incluso a la naturaleza de los acontecimientos y a que éstos ocurren en medios extraños a la investigación metapsíquica, solo lleguen raramente a las revistas especializadas.

Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"