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Caso LVIII Visual-colectivo PDF Imprimir E-mail
Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Lunes, 04 de Enero de 2010 16:12

Este caso fue publicado por los mismos Annales des Sciences Psychiques (1907, p. 423) y forma parte integrante de la misteriosa historia de Noula, relatada por el Coronel de Rochas. Se trata de una joven dama rusa, de alto linaje, descendiente de los príncipes de Radzwill, que percibía, constantemente a su lado, una forma espiritual femenina, a quien ella llamaba Noula y cuya realidad objetiva fue probada por el hecho de haber sido fotografiada varias veces. Las primeras veces que Noula apareció, fue percibida primeramente por el caballo de la señora a quien se debe la narración de este episodio:

Siempre he vivido con ese doble personaje a quien yo llamaba Noula. Cuando era niña, no la veía, pero siempre, a mis ojos, tenía la impresión de que no me encontraba sola. Me oían siempre responder a preguntas que a los demás parecían formuladas por mi imaginación. ¿A quién respondía yo? No lo sé y no tengo en absoluto recuerdos de los hechos de que le hablo, pero mi padre, cuando me llevó a los médicos, se acordó perfectamente del caso.

Lo que puedo asegurarle es que no me daba placer alguno jugar con los demás niños, agradándome permanecer completamente sola, cuando en realidad no lo estaba. Vi a Noula cuando salía de la infancia y seguidamente, cuando era joven. Su primera aparición se produjo cierto día en que fui a pasear a caballo con mi padre, que me acompañaba siempre. Ella me pareció tan asombrosa que, al comienzo, creí que era una alucinación mía.

Ordinariamente yo montaba un caballo acostumbrado a mí y dirigido desde la silla. Ese día tuve la fantasía de montar a un garañón que nunca había montado antes. Al principio pude dominarlo, después, tomado de un capricho, partió en disparada. ¿Qué pasó? No lo sé, pero súbitamente él se mostró dócil y, ante mis ojos, percibí a Noula, de manera muy clara. Pensé por un instante que alguna persona, viéndome en peligro, hubiese detenido el caballo y quise agradecerle. Mi padre se acercó a mí y se puso a censurarme suavemente a causa de mi capricho, cuando, al observarme, me vio tan demudada que tuvo miedo, mucho miedo. (Precisamente en tal momento yo sentía una extraña sensación de vacío inmenso como si estuviese sentada en el aire). Él me tomó en sus brazos y me hizo desmontar. Yo aún conservaba la mirada fija y los ojos dilatados que lo asombraban tanto. Eso duró tal vez un minuto, que pareció muy largo. Cuando salí de tal estado, mis palabras fueron: ¿Usted no la ha visto? ¡Dígame! Mi padre no me comprendió y sus ojos me observaban con tanta aflicción que adiviné enseguida su pensamiento.

Le conté entonces lo que había sucedido y, con su lógica de matemático, él llegó a la conclusión de que el miedo me había causado una alucinación. Pero yo sentía que no. Solo que deseaba tranquilizarlo, ¡pues se había afligido tanto por mí! Regresamos a casa sin nuevo incidente. Hacía todos los esfuerzos por parecer alegre y, no obstante, tenía miedo. Al entrar, mi padre me llevó a mi cuarto, pues entendía que yo padecía de algo. Se alejó por un instante para dejarme ir al aseo y allí, cuando estaba sola, ella volvió. Mis gritos atrajeron a mi padre que llamó a nuestro médico, ya que él no veía nada. Y cuando ese buen hombre llegó, procuró calmarme un poco, administrándome quince gotas de opio que me hicieron dormir. He aquí, apreciado señor, la primera visita de Noula. Y después de esta ocasión, Noula se me distinguía cada vez más, sobre todo cuando me debilité, porque la tristeza de mi vida influyó dañosamente en mi estado de salud. Me puse anémica y flaca, mientras que Noula era muy fuerte y de buen aspecto.

Interrumpo aquí la interesante narración de donde extraje el incidente que se acaba de leer. Lo que sigue no entra, a decir verdad, en el cuadro del tema tratado. Añadiré tan solo que la dama de que hablé, en la esperanza de que el Coronel de Rochas pudiese librarla de esa forma que la obsedía, partió para Francia, pero desgraciadamente, llegando a Varsovia, se puso enferma y falleció. Del conjunto del incidente expuesto, se nota que el caballo vio la figura de Noula antes que la joven y que la aparición de aquélla ejerció inmediatamente una influencia tranquilizante sobre el animal. Pues bien, como ese hecho es diametralmente opuesto al que determina de ordinario sobre los animales la visión de un espíritu, hay que deducir que el hecho se produjo conforme a la voluntad de Noula, que evidentemente se propuso salvar de un grave peligro a la joven con la cual estaba en relación. Pero ¿cómo explicar la presencia y la persistencia de esa forma espiritual misteriosa?

El Coronel de Rochas vacila entre la hipótesis de un fenómeno de desdoblamiento de la perceptora y la de un caso de vampirismo. A favor de la primera hipótesis, se puede citar la observación de la narradora de que, en el momento de la aparición de Noula, experimentó una extraña sensación de vacío inmenso, simultáneo al sentimiento de planear en el aire, observación que llevaría efectivamente a suponer un fenómeno de desdoblamiento. No obstante, en este caso, la perceptora debería haber visto su propia imagen espectral, y no la de otra persona físicamente muy diferente a ella, puesto que la perceptora era rubia, delgada, pálida, mientras que Noula parecía morena, fuerte y colorada. Teniendo en cuenta ese detalle, la sensación de vacío experimentada por la perceptora debería explicarse atribuyéndola a una sustracción de fuerza vital de su organismo por la entidad que se manifestaba.

En cuanto a la hipótesis de un caso de vampirismo, ejercido por Noula sobre la perceptora, el Coronel de Rochas lo examina teniendo en cuenta sobre todo la progresiva depauperación de la salud de la referida señora, depauperación que se podría racionalmente atribuir a una sustracción persistente de fuerza vital ejercida por Noula. Esta última debía entonces ser encarada como una entidad espiritual de baja categoría, aún deseosa de vivir, y que, habiendo encontrado la constitución orgánico-funcional de esa señora, sensitiva de quien podría sustraer fuerza vital, de ella se apoderaría a fin de encontrar la alegría de sentirse aún ligada al medio terrestre, reviviendo su existencia por reflejo. Se conocen algunos ejemplos científicamente estudiados que sugieren esta hipótesis, pero no se trata, hasta el momento, sino de casos bastante raros y susceptibles de ser explicados de otra manera, y que no podrían prestarse a autorizar, en este sentido, una hipótesis de trabajo cualquiera, y menos aún una teoría clara y bien definida del mismo género de la que los ocultistas han construido sobre el vampirismo: mejor entonces suspender cualquier enjuiciamiento respecto de esto, dejando la solución del problema a los que vendrán después de nosotros.

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Para otros nueve casos pertenecientes a esta categoría, envío al lector a las siguientes obras y publicaciones:

Caso LIX -Proceedings of the S.P.R., vol. V
Caso LX -Proceedings of the S.P.R., vol. VI
Caso LXI-Proceedings of the S.P.R., vol. X.
Caso LXII - Light, 1903, p. 141
Caso LXIII - Journal of the S. P. R., vol. III
Caso LXIV- Journal of the S.P.R., vol. IV
Caso LXV -_Journal of the S.P.R., vol. V
Caso LXVI - Journal of the S.P.R., vol. VIII
Caso LXVII - Journal of the S.P.R., vol. IX

Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"