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Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Martes, 29 de Diciembre de 2009 16:31

Lo recojo en los Annales des Sciences Psychiques (1907, págs. 67 y 72, y 1911, p. 161). Se refiere a las famosas experiencias clásicas del profesor Ochorowicz con la médium Srta. Stanislawa Tomczyk. En su acta de 16 de enero de 1909, dice él lo siguiente:

En la mayor parte de las sesiones precedentes, habían tomado parte, en calidad de testigos sin voz consultiva, mis dos perros, un gran terranova y un pequeño faldero de raza bastarda. Eran bien educados, no se preocupaban de nada, y se tumbaban tranquilamente en el suelo cerca de una butaca, alejada cinco metros del diván donde se hacía la mayor parte de las experiencias. En el instante en que la sonámbula declaró que la pequeña Stasia acababa de sentarse en la butaca, el faldero, acostado en frente de ella, se puso a gruñir. Me volví y observé al animal mirando fijamente la butaca. El terranova dormía y no prestaba atención a nada. Mejor dicho, él no podía ver la butaca, pero el otro repitió su gruñido tres veces, solamente levantando la cabeza, sin moverse. No se calmó sino después de que la sonámbula declaró que la niña ya no estaba allí.

Un poco más adelante, en el acta de la sesión de diecinueve de enero de 1909 (p. 72), el doctor Ochorowicz relata este incidente, cuya protagonista es una gata:

Los comienzos de la materialización del doble parecían confirmarse por la actitud de una gata blanca que se hallaba en el comedor. Ella mira fijamente, con visible espanto, el lugar, debajo de la mesa, donde debía estar la pequeña Stasia y por varias veces dirige su mirada hacia ese lado, después salta llena de pavor, y se mete en un rincón, lo cual nunca hacía. En acta de 17 de octubre de 1911 (Annales, 1911, p. 161), se encuentra un tercer incidente del mismo género, cuya protagonista es una perra San Bernardo. He aquí lo que cuenta el Dr. Ochorowicz: Estoy sentado cerca de mi mesa de trabajo, la Srta. Tomczyk en frente a mí, y conversamos. De repente, mi joven perra de raza San Bernardo, que está acostada bajo la mesa, a mis pies, se levanta y empieza a gruñir, mirando hacia un rincón del canapé colocado detrás de mí.

Ella avanza lentamente, como espantada, y se pone a ladrar, mirando fijamente siempre al mismo punto, donde no había nada visible. La Srta. Tomczyk sintió en ese momento un estremecimiento que atribuye a la actitud incomprensible de la perra.

- ¿Estará ella viendo algo?

- Es, sin duda, la pequeña Stasia, digo, que ha venido jugando a unirse a nosotros…Consultemos a la plancheta.

La Srta. Tomczyk coloca en ella su mano izquierda, y esperamos... La plancheta se acerca a mí, como para saludarme con alegría.

-¿Eres tú, pequeña Stasia?

- Sí, respondió a través de la mesa.

Entonces decido hacer una primera sesión pasado mañana… La pequeña Stasia se manifiesta, pero está tan débilmente materializada que la sonámbula apenas la percibe, mientras que la perra no ve nada absolutamente…

Los episodios que acabo de relatar, en los cuales los animales que han visto la forma espiritual de la pequeña Stasia son tres, aunque la propia médium, en el estado normal, no llegó a verla, y no pudo verla más que en condiciones de sonambulismo, sirven para demostrar que los animales superiores no solo comparten con los hombres la posesión de facultades supra normales subconscientes, sino que además son aptos para ejercerlas casi normalmente. Sin negar esta posibilidad, es preciso, no obstante, observar: en los casos de manifestaciones telepáticas, se trata efectivamente del ejercicio de una facultad supra normal subconsciente, puesto que cualquier manifestación telepática está determinada por un mensaje psíquico transmitido por el yo integral, o espiritual, de los perceptores, que lo transmiten a su yo consciente, o encarnado, en forma de proyección alucinatoria-verídica, única forma accesible a una personalidad de esta naturaleza; pero, en el caso de las experiencias que acabo de citar, se podrían explicar los hechos sin salir del ejercicio de la visión terrestre, puesto que, en esos casos, la forma espiritual de la pequeña Stasia lograba manifestarse de una manera más o menos vaga, hasta tal punto que se conseguía fotografiarla.

Para explicar tales hechos, bastaría entonces suponer que las pupilas de esos animales son sensibles a los rayos ultravioletas (como una placa fotográfica) y, en consecuencia, logran percibir, con sus ojos corporales, lo que permanece invisible a los ojos humanos.

Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"