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Extraídos de Phantasms of the Living, vol. II, p. 197. El caso que voy a relatar y el que le seguirá tienen relación con lugares embrujados y pertenecían, consiguientemente, a la categoría VI de esta clasificación; no obstante, considerando que, en los lugares en cuestión no se producían otros fenómenos psíquicos a no ser la aparición de una figura humana, me pareció oportuno incluirlos en la presente categoría. Helos aquí:
2 de marzo de 1884 – En 1875 mi hermana y yo (que tenía entonces trece años) regresábamos a casa en carruaje, sobre las cuatro de la tarde, en un día de verano, cuando de repente, vimos flotar, por encima de una cerca, una forma de mujer que se deslizaba, sin ruido, a través de la carretera. Esa forma era blanca, estaba en posición oblicua y a unos diez pies del suelo. El caballo súbitamente paró y temblaba de tal modo espantado que no lográbamos dominarlo.
Dirigiéndome a mi hermana, exclamé: ¿Tú ves eso? A lo que contestó que sí, e hizo la misma pregunta a su hijo Calfrey, que iba también en el carruaje. Esa forma franqueó la cerca, atravesó la carretera y pasó por encima de un campo, después la perdimos de vista completamente, más allá de una plantación. Creo que la observamos durante dos minutos. Ella no tocó nunca el suelo, sino que fluctuaba siempre a poca distancia de la tierra. Al llegar a casa, contamos a nuestra madre lo que habíamos visto. Estábamos seguras de que no fue un engaño, ni una ilusión de nuestros sentidos, ni un pájaro, ni nada de esa naturaleza. Nunca vimos nada semejante, ni jamás volvimos a tener cualquier otra visión antes o después.
Todos nosotros, los tres, gozábamos de buena salud, hacía muy buen tiempo y nadie nos había sugerido la idea de una aparición, antes de haberla visto. Más tarde supimos que se decía que ese camino estaba embrujado y que varios residentes en la región habían visto una aparición allí.
Violet Montgomery
Sydney Montgomery
Aquí la aparición fue vista por tres personas al mismo tiempo y por un caballo que paró de repente, tembloroso y espantado, hasta el punto de no obedecer a la acción del cochero. No pienso que sea preciso insistir todavía en el hecho de que, en circunstancias análogas a las que he venido sucesivamente exponiendo, sería absurdo llegar a nuevas dudas en la suposición de que los animales tienen realmente las mismas visiones percibidas por los hombres. No ignoro que, desde un punto de vista rigurosamente científico, no tenemos, en semejantes circunstancias, la prueba absoluta necesaria para apoyar la hipótesis en cuestión. No lo ignoro en forma alguna, pero quiero observar que esta objeción de ningún modo tiene valor absoluto y que, por el contrario, se transforma en sofisma, en vista del cúmulo imponente de pruebas relativas.
Recuerdo que la forma espiritual percibida por los tres ya había sido vista por varias personas en la misma localidad, mientras que las tres personas que se hallaban en el carruaje lo ignoraban, lo cual sirve para excluir completamente la hipótesis de la atención expectante. No resta pues, más que reconocer la naturaleza, en cierto modo objetiva, de la aparición, que pertenece a la clase de los embrujamientos.
Ernesto Bozzano Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"
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