Browse this website in:
Google
Web
Buscar en Luz Espiritual

La weblog Espirita de Mari

 

Radio Colombia Espirita

Hora local

Barcelona-España

La televisión espirita

 

Caso LI - Visual-auditivo-colectivo PDF Imprimir E-mail
Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Martes, 15 de Diciembre de 2009 16:20

Recojo el siguiente fragmento en otra narración, bastante notable, de Alexandre Aksakof, publicada en los Proceedings of the S.P.R. Añado, para plena comprensión del acontecimiento, que el caso aquí relatado se refiere a la historia de continuas apariciones de una joven de nombre Palladia, fallecida a los quince años de edad. El narrador, señor Mamtchitch, fue el principal perceptor de ellas, y así lo describe:

En 1858 yo vivía con mis padres en la región de Poltava. Una señora de nuestras relaciones había venido a pasar algunos días con nosotros, trayendo a sus dos hijas. Algún tiempo después de su llegada, cuando desperté por la mañana, (yo dormía en un ala separada donde permanecía solo) vi a Palladia ante mí, a cinco pasos más o menos, mirándome con una sonrisa alegre.

Acercándose a mí, me dijo dos palabras: Yo vi. Y, sonriendo aún, desapareció. No pude comprender qué significaban estas palabras. En mi cuarto, cerca de mí, dormía mi perro, que al ver a Palladia, erizó el pelaje y, con un gruñido saltó para mi cama, apretándose contra mi cuerpo, y mirando en dirección al lugar donde había visto a Palladia. El animal no ladraba, habitualmente, pero no dejaba entrar a nadie en mi cuarto sin ladrar o gruñir. Y cada vez que mi perro veía a Palladia, se apretaba contra mí, como buscando un refugio.

Cuando Palladia desapareció, fui al piso inferior y no dije nada a nadie. En la tarde del mismo día, la hija mayor de la señora que estaba en nuestra casa me contó una cosa extraña que le había pasado por la mañana: Despertando temprano sentí como si alguien se colocase a la cabecera de mi cama y oí claramente una voz que decía: No tengas miedo, soy buena y cariñosa. Volví la cabeza, pero no percibí nada. Mi madre y mi hermana dormían tranquilamente y esto me asustó mucho, porque nunca me había pasado nada semejante. Le dije que muchas cosas inexplicables nos suceden, pero no le hablé de lo que había visto por la mañana. Solo un año más tarde, cuando ya era su novio, le hablé de la aparición y de las palabras de Palladia el mismo día.

¿Y no es que ella la había visto también? Debo añadir que yo veía a esa joven por primera vez y que jamás hubiera pensado que habría de casarme con ella. La señora Mamtchitch confirma dicha narración de la siguiente manera:

5 de mayo de 1891 – Recuerdo muy bien que el diez de julio de 1885, cuando estábamos en casa de los padres del Señor I. Mamtchitch, yo me desperté temprano porque habíamos quedado, mi hermana y yo, en ir a dar un paseo matinal. Me levanto de la cama, vi que mamá y mi hermana dormían y, en ese mismo momento, sentí como si alguien estuviese a la cabecera de mi cama. Volviéndome de lado, porque temía mucho mirar hacia allí, no vi persona alguna. Habiéndome acostado nuevamente, escuché inmediatamente detrás y por encima de mi cabeza una voz de mujer que me decía, suave pero claramente: No tengas miedo, soy buena y cariñosa, además de otra frase de la que me olvidé en el mismo instante. A continuación, me vestí adecuadamente y me fui a pasear. Lo extraño es que estas palabras no me espantaron en absoluto.

En esta narración, la mejor demostración de que el perro tuvo la misma visión que su dueño, la da el terror que experimentó frente a la manifestación. El Señor Mamtchitch dice que el perro saltó para su cama, con el pelaje erizado en el dorso, temblando y gimiendo, y se comprimió contra su cuerpo, mirando con espanto hacia la dirección en que su dueño veía a Palladia. Añade que el animal tenía la costumbre de gruñir y ladrar contra quien quiera que fuese. Pues bien, el insólito terror experimentado por el perro demuestra, de forma incontestable, que no solamente él veía a Palladia, sino que además comprendía instintivamente que no se hallaba frente a una persona viva, de carne y hueso, pues si fuese de otra manera acogería al intruso gruñendo y amenazando.

Bajo otro punto de vista – que no es el que nos ocupa en esta obra – observo que la narración de donde extraigo el episodio que acabo de reproducir, constituye un excelente ejemplo de identificación espirítica en el cual el espíritu de Palladia (que se había ligado, cuando estaba viva, al juez Mamtchitch por lazos de afecto) proporcionó numerosas y admirables pruebas respecto de su presencia espiritual.

Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"