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(Visual- colectivo, con anterioridad del animal sobre el hombre). El siguiente caso es muy importante, pues las personas que experimentaron la misma forma de alucinación telepática, simultáneamente con un perro – fueron siete.
El caso fue comunicado a la Society for Psychical Research por Alexandre Aksakof. Yo lo extraigo del vol. X, p. 127 de los Proceedings (actas) de la Sociedad: San Petersburgo, 4 de mayo de 1891 – He aquí la narración del fenómeno de que toda nuestra familia fue testigo. Ocurrió en San Petersburgo, en 1880, cuando vivíamos en la calle Pouchkarska. En una tarde del mes de mayo, sobre las seis horas, mi madre (hoy señora Telechof) estaba en el salón con sus cinco hijos, de los cuales yo era el primogénito (tenía entonces 16 años). En aquel momento, un antiguo servidor de la casa, a quien se trataba como amigo (pero que en aquella época ya no servía con nosotros), había venido a visitarnos y había entablado conversación con mi madre. De repente, las alegres distracciones de los niños cesaron y la atención general se dirigió a nuestro perro Moustache, que se había precipitado, ladrando fuertemente, hacia la chimenea.
Involuntariamente todos miramos hacia la misma dirección y vimos, en la cornisa de la gran chimenea, como adorno de porcelana, un muchachito de seis años, más o menos, en camisón. Reconocimos en él a Andrés, el hijo de nuestro lechero, que venía muchas veces, en compañía de su madre, a jugar con nuestros niños, pues vivían bastante cerca de nosotros. La aparición se alejó de la cornisa, pasó por encima de todos nosotros y desapareció por la ventana abierta.
Durante todo ese tiempo, unos segundos tan solo, el pero no dejaba de ladrar con todas sus fuerzas y corría gruñendo aún, siguiendo el movimiento de la aparición. El mismo día, un poco más tarde, nuestro lechero vino a nuestra casa y nos comunicó que su hijo Andrés, tras una enfermedad de algunos días (nosotros sabíamos que él estaba enfermo) acababa de fallecer, lo cual sucedió probablemente en el momento en que lo vimos aparecer.
Daniel Amossof, María Telechof (madre de M. Amossof, en el segundo matrimonio), Kousema Pétrof (que en la actualidad vive en Lebiajeyé, cerca de Oranienbaum). En este último caso la actitud del perro, ante la aparición, parece de tal forma característica y elocuente que somos irresistiblemente llevados a la conclusión de que él tuvo la misma visión que los otros siete perceptores. Es preciso observar, en efecto, que el perro (que fue, además, el primero en experimentar la sensación telepática) se había lanzado en dirección a la chimenea, donde los otros perceptores localizaron la aparición, y que, durante todo el tiempo en que la aparición estuvo visible, no había cesado de ladrarle, siguiéndola en su movimiento aéreo.
Ernesto Bozzano Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"
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