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El Dr. Emile Magnin comunica a los Annales des Sciences Psychiques (1912, p. 347) el siguiente caso:
Acabo de leer, con gran interés, la narración del caso del perro Bobby, publicado en los Annales. Un caso más o menos semejante me fue contado, hace algunos años, por el Sr. P. M., abogado de gran talento. Hago un breve resumen de ese relato, en la seguridad de que, por su analogía con el caso Bobby, habrá de interesar a sus lectores.
El Sr. P.M., abogado en la Corte de Apelación, tenía una perrita española llamada Creole, que solía tener consigo en París y que dormía en el pasillo, detrás de la puerta de su cuarto de dormir. Cada mañana, al primer movimiento de su dueño, ella arañaba la puerta y gemía hasta que se le abriese. Durante un período de caza, el Sr. P.M. dejó la perrita Creole en Rambouillet, bajo los cuidados de su guardés.
Por la mañana temprano, un sábado, el Sr. P.M. oyó arañar y gemir a la puerta de su cuarto y, muy sorprendido por escuchar a su perrita allí, se levantó inmediatamente, convencido de que su guardés había ido a París para comunicarle algo urgente. Grande fue su asombro al no ver al guardés ni al animal. Diez horas más tarde llegaba un telegrama del guarda comunicándole que Creole había sido muerta accidentalmente por un cazador.
También este episodio, en el cual la alucinación verídica fue de naturaleza auditiva, no parece posible dudar del origen realmente telepático de la manifestación y, en lo que atañe a las condiciones en que se verificó, es útil observar que éstas demuestran que el impulso telepático fue, una vez más, de naturaleza indirecta o simbólica.
Reportándonos a las consideraciones que hemos venido desarrollando respecto de esto, diremos aquí que, como la perrita muerta tenía, cuando estaba viva, la costumbre de arañar la puerta del cuarto de su dueño e incluso gemir, mientras no se le abría, resulta de ello que el impulso telepático no llegó a verificarse de modo directo y se concretizó de modo indirecto y simbólico, con modalidades de realización que eran las más familiares al perceptor y en relación con el pensamiento del agente.
Observo aquí que la circunstancia de que una ley fundamental de las manifestaciones telepáticas esté realizándose rigurosamente, aun cuando se trata de un agente animal, ofrece gran valor teórico, puesto que es difícil no deducir de esto que, si las manifestaciones telepáticas animales se equiparan a las mismas leyes que las manifestaciones telepáticas humanas, resulta la identidad de la naturaleza del elemento espiritual en acción en ambas circunstancias.
Ernesto Bozzano Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"
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