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Ernesto Bozzano
Escrito por Administrador   
Jueves, 17 de Septiembre de 2009 15:33

Lo extraje del Journal of the Society for Psychical Research, vol. XII, p. 21. Lady Carbery, esposa de Lord Carbery, envía desde el castillo de Freke, condado de Cork, la siguiente narración fechada en 23 de julio de 1904:

Durante una cálida tarde de domingo del verano de 1900, fui, después del almuerzo, a hacer mi acostumbrada visita a las caballerizas, a fin de distribuir azúcar y zanahorias a los caballos, entre los cuales había una yegua asustadiza y nerviosa llamada Kitty, que me gustaba mucho. Una gran simpatía existía entre ella y yo, que la montaba todas las mañanas, antes del almuerzo.

Eran excursiones tranquilas y solitarias a lo largo de las colinas hacia el mar y siempre me pareció que Kitty gustaba, como su dueña, de esos paseos en el frescor matinal. La tarde de que se trata, saliendo de las caballerizas, seguí sola por el parque, recorriendo un cuarto de milla y sentándome seguidamente a la sombra de un árbol, con un libro muy interesante, pues era mi intención permanecer allí unas dos horas.

Después de unos veinte minutos, un súbito influjo de sensaciones penosas vino a interponerse entre mi lectura y yo, al mismo tiempo en que experimentaba la certidumbre de que algún percance había ocurrido a mi yegua Kitty. Procuré alejar tal impresión continuando con la lectura, pero la impresión aumentó de tal forma que fui obligada a cerrar el libro y a encaminarme a las caballerizas.

Llegada allí, me fui enseguida a la cuadra de Kitty y la encontré tendida en el suelo, sufriendo y necesitando asistencia inmediata. Corrí inmediatamente a buscar a los muchachos de la caballeriza, que se hallaban en otra sección más alejada, los cuales acudieron al objeto de prestar al animal los cuidados necesarios. Su sorpresa fue grande al verme aparecer en las caballerizas por segunda vez, circunstancia enteramente insólita.

Lady Carbery

El cochero que cuidó de la yegua en aquella ocasión, así confirma la referida narración:

Era entonces cochero del castillo de Freke y su señoría vino, durante la tarde, según su costumbre, a distribuir azúcar y zanahorias a los caballos. La yegua Kitty se hallaba suelta en su cuadra y en excelentes condiciones de salud. Seguidamente, volví a mi alojamiento, sobre las caballerizas, y los empleados se fueron a sus cuartos.

Tras media hora o cuarenta y cinco minutos, me sorprendí al ver regresar a su señoría, que corría a llamarme, al igual que a los muchachos, a fin de que fuésemos a socorrer a Kitty que se hallaba tendida en suelo, víctima de un mal súbito. En ese ínterin, ninguno de nosotros había entrado en las caballerizas.

Edward Nobbs

Este segundo caso es menos sensacional que el primero: la impresión telepática experimentada por lady Carbery fue también menos precisa, pero lo bastante fuerte para proporcionar a la perceptora la convicción de que las sensaciones que percibía indicaban que la yegua Kitty tenía necesidad de urgente asistencia, y para hacerla decidirse a correr inmediatamente hacia el lugar.

Pues bien, estas circunstancias de orden excepcional y de una significación precisa y sugestiva son suficientes para autorizar una conclusión a favor del carácter telepático del presente caso.

Ernesto Bozzano
Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"