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Extraigo el siguiente caso del libro del Señor Camille Flammarion titulado L’Inconnu et les Problèmes Psychiques (Lo desconocido y los problemas psíquicos).
Puedo citarle además un hecho personal que me perturbó bastante cuando sucedió, pero, como esta vez se trataba de un perro, acaso yo me equivoque al tomar su tiempo. Le pido me disculpe en preguntándome dónde paran los problemas.
Era entonces joven y poseía muchas veces, en sueños, una lucidez sorprendente. Teníamos una perrita de una inteligencia poco común. Era particularmente aficionada a mí, pues la acariciaba mucho. Cierta noche sueño que ella muere y que me mira con ojos humanos. Al despertar, dije a mi hermana: Lionne ha muerto, la veía en sueño, es verdad. Mi hermana rió y no me dio crédito.
Llamamos a la gobernanta y le dijimos que llamase a la perrita, que no apareció. Buscada por todas las partes donde era posible que estuviese, apareció, al fin, muerta en un rincón. Pues bien, la víspera ella no estaba enferma y nada había podido provocar ese sueño mío. K. Lacassagne, de soltera Dutant (Castres). También en este caso, la hipótesis más verosímil es la de que el animal agonizante dirigió ansiosamente el pensamiento hacia su dueña, determinando así las impresiones telepáticas percibidas por ésta en sueños; no obstante, ese episodio es bastante menos probatorio que el anterior, tanto más que, esta vez, no nos hallamos en presencia de detalles de modo a eliminar la otra hipótesis, la de un posible fenómeno de clarividencia en sueños.
Ernesto Bozzano Extraído del libro "¿Tienen alma los animales?"
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