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Las leyes morales de la vida, establecidas por el Padre, son de todos los tiempos. Inviolables, constituyen el camino de felicidad por el rumbo evolutivo, imponiéndose, paulatinamente, a la inteligencia humana ayándose establecidas en las bases de la harmonía perfecta en que se equilibra la Creación. Reveladas a través de los tiempos, poco a poco, no se someten a los juicios transitorios de las pasiones humanas, que siempre desearon estandarizarlas al propio talante, sometiéndolas a sus torpes determinaciones.
Inspiradas a la humanidad por las fuerzas vivas de la Naturaleza desde los días del “hombre primitivo", pasaron a constituir la ética religiosa superior de todas las naciones. Leyes naturales de amor, justicia y equidad, son el fiel de la conquista del espíritu que en la preservación de sus códigos sublimes y en la vivencia de su legislación, señala el propio engrandecimiento y plenitud.
El desacato, la desobediencia de sus códigos engendran el sufrimiento y desequilibrio del infractor, que de forma alguna consigue huir al reajuste producido por la rebeldía o insania de que se hizo portador. Profetas, legisladores y sabios han sido los maleables instrumentos de que se sirvió el Padre Amantísimo a través de los tiempos, a fin de que el hombre, en el calabozo carnal, pudiese encontrar la ruta segura para atender el reino venturoso que lo espera. De entre todos, sin embargo, fue Jesús el prototipo de la misericordia divina, “El modelo más perfecto que Dios ha ofrecido al hombre, para servirle de guía y modelo” , el propio Rey Solar.
Viviendo con todo vigor el estatuto de las “leyes morales”, dio cumplimiento a las de orden humano, sometiéndose, pacíficamente, instaurando el periodo fundamentado del amor, que resume todas las demás y las comanda con sin igual maestría. El modelo a ser seguido, enseñó por el ejemplo y por el sacrificio, señalando en testimonio supremo la excelencia de su misión amorosa, a través de la donación de la vida, incitándonos a incorporarnos en el día a día de la existencia a la irrecusable lección de su auto-ofrenda santificante. Nos inspira para elaborar está Obra en el incomparable “El Libro de los Espíritus”, de Allan Kardec, Parte 3ª, “De las Leyes morales”.
No pretendemos producir un trabajo e exegesis doctrinaria, más si responder a algunos conceptos y opiniones actuales en las nobles y relevantes lecciones allí expuestas, por considerar insuperable y profunda momentáneamente la obra Kardeciana, repositorio fiel del Consolador, conforme prometió Jesús. Dividimos, en once las leyes morales, conforme la clasificación y la renovación intima de aquellos que se interesan por la Doctrina espirita, o que en el báratro de estos días de inquietud padecen sed de Dios, requieren de lo Alto respuestas inmediatas para las interrogaciones afligentes, pidiendo orientación. El hombre viaja con sus formidables bólidos espaciales fuera de la órbita de la Tierra, y, todavía, no se conoce a si mismo. Descubre el mundo que lo fascina y no penetra en las responsabilidades morales que le caben cumplir.
Altera la faz del planeta que habita y pretende modificar las “leyes morales” que rigen el Universo, sumergiéndose, entonces, en profunda amargura. Presenta conceptos valiosos y concepciones de audacia matemática, descubriendo las leyes de gravidez, de aglutinación de las moléculas, de la estructura genética de los seres y, todavía, impone absurdas determinaciones en el campo moral, legalizando el aborto, resucitando la pena de muerte, programando a la familia, mediante procesos creados, precipitados, abogando la disolución de los vínculos matrimoniales estimulado por terrible libertinaje, fomentando la guerra…
Hay dolor y locura, hambre, miseria moral y social en larga escala, en un atestado inequívoco del primitivismo moral que rige en individuos y colectividades dichos civilizados. Las leyes de la vida son impostergables. Nadie las derroca; no las subestimes impunemente; no las ignoras, aunque desees hacerlo. Están insculpidas en la conciencia de las criaturas. Aun mismo el bruto las siente en forma de impulsos o por el brillo de su grandeza transcendente en los pródromos de la inteligencia. Leyes inmutables, son las leyes de la vida.
Joanna de Angelis
Médium Divaldo Pereira Franco
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