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Advertencia a los médiums PDF Imprimir E-mail
Divaldo Pereira Franco
Escrito por Administrador   
Lunes, 31 de Enero de 2011 16:45

Allan Kardec afirmo con sabiduría que la mediunidad es “apenas una aptitud para servir de instrumento más o menos dócil a los Espíritus en general” (1) Por esa y otras razones, los médiums no se pueden vanagloriar de haber sido elegidos como misioneros de la Nueva Era, dejándose sucumbir a los tormentos de la fascinación sutil o extravagante. La actividad mediúnica, por eso mismo, constituye oportunidad bendita para el perfeccionamiento intelecto-moral del individuo, que se permitió errores en reencarnaciones anteriores, comprometiéndose en lamentables situaciones espirituales. La mediunidad es, por tanto, una enseñanza especial para la auto recuperación, debiendo ser utilizada de manera digna, en cuyo ministerio de amor y de caridad será encontrada la directriz de seguridad para el reequilibrio.

(1) KARDEC, Allan. O evangelho segundo o Espiritismo. 127. ed. Rio de Janeiro: FEB, 2007. Cap. 24, item 12, p. 401.

Cuando se trata de mediunidad ostensiva, con mas gravedad deben ser asumidos los deberes que le dicen respecto, por cuando mayor se presente el área de servicio a ser desenvuelto. En cualquier tipo de realización noble siempre se enfrentan desafíos y luchas, cara a la práctica evolutiva en que se encuentra los seres humanos y el planeta terrestre. Es natural que haya alguna indiferencia por lo que es bueno y elevado, cuando no se presentan hostilidades en el trabajo impeditivo de su divulgación. Siendo la mediunidad un recurso que posibilita el intercambio entre el mundo físico y el espiritual, las mentes desprevenidas o aun arraigadas en la perversidad toda invisten para impedir que el fenómeno ocurra de manera saludable, proporcionando, así, los medios para restablecerse la orden moral y confirmarse la inmortalidad del ser, proponiéndole equilibrio y ventura en el porvenir.

No son pocos los obstáculos que serán puestos por todo aquel que sea candidato al relevante trabajo mediúnico. Los primeros se encuentran en su mundo íntimo, en los hábitos dolientes a que se acostumbro en el pretérito. Cuando permaneció distanciado de los deberes morales, creando problemas para el prójimo, que resultaron en inquietudes para sí mismo. La lucha se libra, para la superación del desafío, nadie ve, excepto aquel que está empeñado en el combate a favor del auto liberación, imponiéndose la necesidad de rigurosas disciplinas que pueden proporcionarle nuevas conductas saludables, capaces de facilitarle la ejecución de las tareas espirituales bajo la responsabilidad y mando de los Mensajeros del Señor.

El estudio consciente de la facultad mediúnica y la vivencia de los requisitos morales son, a seguir, otro gran desafío, por imposición de condiciones de humildad en el desempeño de las tareas, tomando siempre para si las informaciones y advertencias que le llegan del Mas allá, o en vez de transferirlas para los otros. El médium sincero, más de lo que otro lidiador laborioso en cualquier área de acción, se encuentra en constante peligro, necesitando aplicar la vigilancia y la oración con frecuencia, de modo de mantenerse en paz ante el cerco de las Entidades ociosas y vengadoras de la erraticidad inferior. Esto porque, complaciéndose en la práctica del mal, a que se dedican, las mismas se transforman en enemigos gratuitos de todos aquellos que les parece amenazar la situación en que se encuentran. Por eso mismo, la práctica mediúnica se reviste de seriedad y de entrega personal, no dando espacio para el estrellato, las competiciones enfermizas y las tiránicas actitudes de agresión a quien quiera que sea… Debiendo ser pasivo el médium, a fin de bien captar el pensamiento que vierte de las Esferas superiores, su comportamiento ha de caracterizarse por la jovialidad, por la comprensión de las dificultades ajenas, por la compasión a favor de todo y de todos que encuentre por el camino. Las rivalidades entre médiums, que siempre existirán y continúan, derivan de la inferioridad moral de los mismos, porque la condición más relevante a ser adquirida es la de servidor incansable, convidado al trabajo en la Siembra por Aquel que es el Señor.

Examinar con cuidado las comunicaciones de que se hace portador, evitando la divulgación insensata de temas que generan polémica, al pretexto de revelaciones retumbantes, y defenderlos, constituye inadvertencia y presunción, por considerarse como el vaso escogido para las informaciones de alto coturno, que el mundo espiritual libera solamente cuando eso se hace necesario. Jamás olvidar, cuando incluido en esa categoría, que el carácter de la universalidad de la enseñanza, conforme estableció el maestro de Lyon, es fundamental para demostrar la cualidad y el origen del enseñamiento, si pertenece a un Espíritu o si, llegando el momento de su divulgación entre las criaturas humanas, procede de la Espiritualidad superior. Cuando se siente inspirado a adoptar comportamientos esdrújulos, informaciones fantasiosas y de difícil confirmación, materializando el mundo espiritual como si fuese una copia de lo terrestre y no lo contrario, ciertamente no está en servicio del bien y de la divulgación del Espiritismo.

El verdadero médium espirita es discreto, como corresponde en relación a todo ciudadano digno, evitando, cuanto posible, el empeño en imponer las revelaciones de que se dice instrumento. De igual manera, cuando el médium pasa a defenderse, a criticar a los otros, a auto promoverse, a considerarse mejor que los demás, se encuentra enfermo espiritualmente, el camino de lamentable trastorno obsesivo o emocional. Su sensibilidad es considerada no apenas por el hecho de recibir los Espíritus superiores, más por la facilidad de comunicarse con todos los Espíritus, conforme acentúa el insigne Codificador. Así debe considerar, porque la mediunidad es, en sí misma, neutra, pudiendo ser encontrada en todos los tipos humanos, razón por la cual no se trata de una facultad espirita, pero, humana, que siempre existió en todas las épocas de la sociedad, desde los tiempos más remotos hasta los actuales. En el trabajo silencioso y directo del atendimiento a los sufridores, sea en su cotidiano en relaciones a los compañeros de peregrinación carnal, sea en las bendecidas reuniones de atendimiento a los desencarnados en agonía, así como aquellos que se rebelan contra las Leyes de la Vida, encontrara el medianero sincero inspiración y apoyo para la desincumbencia de la tarea que abraza.

Dedicándose a la labor de la caridad sin mancha granjeando el afecto de los Espíritus elevados, que pasan a protegerlo sin alarde y a inspirarlo en los momentos de dificultades y de sufrimientos, consolándolo en los testimonios y en la soledad que, no es raro, le dominan los pasajes íntimos. Consciente de la responsabilidad que le da respeto, no se preocupa con las alabanzas y los aplausos livianos, en agradar a los poderosos y los insensatos que lo buscan, por comprender que esta a servicio de la Verdad, que, infelizmente, aun como en el pasado, no existe lugar para su instalación. De esa forma, se mantiene fiel a su implantación interna, viviéndola de manera jovial y enriquecedora, dando muestras de que el Reino de los Cielos se instala al principio en el corazón, de donde se expande para el mundo trascendente. Teniendo cuidado en la manera por la cual exterioriza las informaciones recibidas, dándoles siempre el tono de naturalidad y de equilibrio, evitando el deslumbramiento que la ignorancia en torno a su facultad siempre reviste con brillo falso a sus portadores. Jamás se debe permitir la presunción, creyéndose perfecto, heredero de la memoria y de los valores de los misioneros del pasado próximo o remoto, teniendo en Jesús Cristo, y no en persona alguna, su guía y modelo. Despersonalizarse para que en él se refleje la figura incomparable del Maestro de Nazaret, he aquí una de las metas a conquistar, recordándose de Juan Bautista, que informo sobre la necesidad de disminuirse para que El creciese, considerándose indigno de estar en los cordones de Sus sandalias…

La mediunidad es instrumento que se puede transformar en vínculo de luz entre la Tierra y el Cielo, en la gruta de la perturbación y sufrimiento donde se esconden los invigilantes y desalmados, en conflictos y pugnas continuas. La facultad, en sí misma, es portadora de gran potencialidad para proporcionar la felicidad, cuando el individuo que la aplica en el Bien procura servir con bondad y alegría, evitando la disputa de las glorias mentirosas del mundo físico, así como los desvíos de conducta responsables por las caídas morales de su aplicación indebida. Las trompetas del mundo espiritual resonan hoy, como en todos los tiempos, en las consciencias alertas, convocando los corazones afectuosos para el gran emprendimiento de iluminación de vidas y de sublimación de sentimientos, atenuando los dolores expresivos de este momento de transición de mundo de pruebas y expiaciones para mundo de regeneración.

A los médiums dignos y sinceros cabe la gran tarea de preparar el advenimiento de la Era Nueva, conforme lo hicieron aquellos que se volvieron instrumentos de los mensajes libertadores que fueron catalogadas por Allan Kardec, en sus días, elaborando la Codificación Espirita, y que se mantiene actual aun hoy, prosiguiendo ciertamente por los días de futuro. Que los médiums, pues, se desincumban del compromiso y no de la misión, como algunos ligeramente la interpretan generando simpatía y solidaridad, uniendo las personas en una gran familia, que la constituyen, y sustentándoles la sed y hambre de luz y de paz, de esperanza y de amor, como solamente saben hacer los Guías de la Humanidad al servicio de Jesús.

Manuel Philomeno de Miranda.

Pagina psicografiada por el Médium Divaldo Pereira Franco, en la tarde del 16 de abril del 2009 en la Mansión del Camino, en Salvador, Bahía)
Traducido por Jacob