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Vale la pena analizar la serie de fracasos y tragedias de que fueron víctimas los dominadores arbitrarios del poder temporal, directamente vinculados a la crucifixión de Jesús. Anás, que representaba a la alta corte del Sanedrín en su condición de gran sacerdote, que cerró sus oídos a la causa del Justo, fue víctima de su propia pusilanimidad, no pudiendo evadirse a la muerte sin gloria que consumió su soberbia y su presunción. Caifás, que había sido elevado a una posición destacada dentro de la casta religiosa y subestimó al Mesías, burlándose de Su mensaje y extenuándolo en una noche de locura que habría de culminar con Su condena, se corrompió moral y físicamente, no pudiendo liberarse del viaje sombrío a través de los corredores de la muerte detestada. Pilatos, colocado en el puesto de representante de César y que se lavó las manos con relación al destino del Rey esposado, no se pudo olvidar del indefenso, sumergiéndose en una atormentante psicosis que lo llevaría poco después al desdichado suicidio, en un volcán extinguido en Suiza, hacia donde fue, al caer en desgracia ...
Tiberio, que gobernaba al mundo y era ruin y avaro, con su inadecuada misantropía, se trasladó a Capri, receloso de ser víctima de alguna sedición luego de cometer innumerables asesinatos — inclusive el de Sejano —, terminó siendo arrebatado por una muerte vergonzosa. Barrabás, que había recuperado la libertad a cambio de la prisión del Inocente, prosiguió en un estado de alucinación que lo dominó, sin haber sabido usar la oportunidad que se le diera para la reparación. Judas, que Lo vendió, dando cuenta de sí mismo se suicidó, huyendo espectacularmente, en una fuga a la responsabilidad ... Han dejado un legado macabro de dolor en medio de sombras espesas, prosiguen siendo como un símbolo del crimen, de la traición y de la injuria a través de los siglos.
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Jesús permaneció por encima del odio de los crucificadores. La herencia de ellos es la de la arbitrariedad silenciada por la muerte, mientras que la del Cristo es la esperanza en el amor, ofreciendo felicidad y paz.
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Los siglos no Lo apartaron de la mente de las masas, como ocurrió con aquellos que Lo persiguieron. La celebridad de ellos está cimentada en la muerte de la víctima que no les opuso resistencia, mientras que la memoria del Libertador permanece como símbolo de dignidad y grandeza moral.
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Los mártires que Lo siguieron, encontraron fuerzas en Su ejemplo. Los constructores de los ideales de la belleza, en las artes y en las ciencias, se inspiraron en Su entrega. Los promotores del progreso humano. Lo tienen como modelo, siempre al frente, en posición ideal.
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Jesús es la figura más perfecta de la Humanidad.
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En menos de cuatrocientos meses construyó un reino cuyos jalones fueron colocados en los corazones durante casi tres años, en una época hostil y en un lugar remoto, siendo ésta la más grandiosa obra de civilización de todos los siglos. Este es un reino diferente, superior. Las señales características de su país se encuentran en el concierto de todas las naciones...
Su bandera es blanca, simbolizando la paz. Su himno nacional es el amor que todos pueden cantar y vivir. Sus armas para la defensa son la misericordia y el perdón, que son de fácil manejo. Su idioma es la bondad que todos comprenden sin el menor esfuerzo, siendo simple y rápida su asimilación. Sin fronteras limítrofes, se extiende por todos los demás reinos, permaneciendo 'independiente e ideal, sosteniendo a los sufrientes de todas partes y dándoles la nacionalidad básica, permanente, que está expresada en la legítima fraternidad que unirá a todas las criaturas.
Sobreviviendo al pasado, El resistirá al futuro, uniendo a las criaturas diferentes en un solo rebaño, que conducirá al Padre, luego de la lucha final contra las pasiones que cada súbdito debe tratar en lo íntimo de sí mismo, para lograr la perfección anhelada.
por el espirita Juana de Angelis
Médium Divaldo Pereira Franco Extraído del libro "Receta de paz"
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