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El mundo corporal es plasmado por el espiritual, donde la vida es pulsante, permanente, original. Necesario al proceso de la reencarnación refleja la situación en que se encuentran aquellos que lo habitan, razón ésta que torna al planeta terrestre una escuela de pruebas y expiaciones. Verdadero laboratorio donde se operan las transformaciones del comportamiento moral del ser, por la fijación de las experiencias edificantes, sufre los inevitables choques resultantes de las luchas que se traban en los círculos que lo componen, de la misma forma que se beneficia con las contribuciones elevadas de aquellos que trabajan en favor de su progreso. En general, todo cuanto sucede en la esfera física tiene origen en la realidad espiritual, convirtiéndose en un mundo de efectos, en el cual, los acontecimientos se desencadenan bajo las más variadas imposiciones. Como es natural, siendo sus habitantes actuales, en su casi totalidad, hombres y mujeres que antes transitaban por sus sendas, ahora en búsqueda de rehabilitación de los compromisos infelices y de las acciones innobles, aquellos que no tuvieron oportunidad de retornar continúan vinculados a quien los perjudicó, dando prosecución a pugnas odiosas e insensatas, hasta cuando los ilumina la misericordia de Dios, despertando unos y otros hacia un cambio de actitud.
En ese conflicto que se extiende, desde hace milenios, debido al primitivismo aún predominante en la mayoría de los seres humanos, se destaca la providencial manifestación del divino Amor, que se expresa mediante la abnegación, la devoción y el sacrificio de los Espíritus tutelares, que invierten sus más importantes conquistas intelecto-morales para anular la irrefrenable persecución, calmarles el ánimo y establecer acuerdos de paz. Por un largo período aún permanecerán esos conflictos por negarse las partes litigantes, víctimas de descabido orgullo y primario egoísmo, a entregarse al perdón de las ofensas y a la fraternidad recomendados por Jesús y facilitados por el buen sentido, por el despertar de la conciencia oscurecida. En cuanto no ocurre esa alteración de conducta tramas sórdidas, trampas hábiles, traiciones infames son trabajadas en las esferas inferiores contra las criaturas que, inadvertidas y descuidadas, caen en las innumerables justas a las que son empujadas o que confrontan por el cariño de la acción cotidiana.
Espíritus perversos que el sufrimiento embruteció, sicarios de la sociedad que no se modificaron ante la destrucción por la muerte, dándose cuenta de la prosecución de la vida, continúan en sus nefastas decisiones de afligir y desgraciar, complaciéndose en inmiscuirse en los grupos sociales, fomentando disensiones, odios y guerras, que les posibilitan la embriaguez producida por las energías que absorben como vampiros en infundables fenómenos de obsesión dolorosa. De esa forma, el número de obsesos es mucho mayor de lo que se puede imaginar. No pudiendo ser mensurada o detectada con facilidad la obsesión domina, desosegada, congregando a multitudes de víctimas que se dejan consumir, tanto en uno como en el otro plano de la Vida. Esos Espíritus más crueles, se organizan en grupos repugnantes, en los cuales perfeccionan métodos y técnicas de los que se valen para afligir, aprisionar y explotar a aquellos que tienen la infelicidad de ser sus víctimas. Cual ocurre en la Tierra y en ésta en escala menor, las Sociedades que controlan el crimen y el vicio en el Más Allá son los responsables por los congéneres del planeta, siendo que algunos de sus jefes y conductores son procedentes de las originales, aquellas que permanecen en la erraticidad inferior. Atribuyéndose derechos y poderes que no le son lícitos disponer, funcionan como brazos de Justicia, que alcanzan a los condenados, a los defraudadores, a los hipócritas y criminales de todo porte que pasan triunfantes en el cuerpo que ultrajan y degradan impunemente, como si Dios los necesitara para tal menester...
Como no pueden anular la conciencia de culpa en ellos mismos inscripta, al desencarnar despiertan en el paisaje que les es apropiado, con el cual sintonizaron, presas de aquellos a quienes se vincularon. El Espiritismo práctico, a través de las sesiones experimentales, de educación mediúmnica o de desobsesión, rompió el velo que ocultaba esa triste realidad y de la que se tenía noticia solamente de forma fragmentaria, por la revelación de los santos y místicos que visitaron esas comunidades punitivas y recuperadoras que la mitología denominó como infierno, purgatorio, Hades, Averno, etc. Es comprensible que la furia de sus mantenedores se vuelva contra todos aquellos que se dedican al bien, que luchan contra el crimen y la obscenidad, particularmente los espiritas sinceros, que tienen la tarea de promover a la sociedad, preparando mejores días para la humanidad del porvenir. De la misma forma actúan contra los médiums, que son los instrumentos de la revelación de esos antros de vergüenza y horror, intentando explotarlos psíquicamente, descalificarlos moralmente para, de hecho, anular el efecto de sus informaciones libertadoras. La campaña sórdida contra la mediumnidad dignificada y los médiums responsables, promovidas Entidades obsesoras, es ostensiva y viene de larga data, incesante y sin cuartel, agresiva y sutil. Muchas veces, esos hermanos profundamente infelices se atrevieron a arremeter contra Jesús, que los sometió a Su superioridad, advirtiéndonos, desde entonces, al respecto de ellos y de sus insinuaciones malévolas.
Cuando un médium u otra persona cualquiera particularmente el sensitivo, cae en sus tramas, los domina el júbilo y se creen fortalecidos para continuar el loco afán, que termina por enredarlos, a ellos mismos, obligándolos al despertar, a la reencarnación... Para luchar con esos cultivadores del mal, Espíritus Nobles renuncian a Planos Superiores a los que tienen derecho, a fin de sumergirse en las sombras terrestres y más aún en los antros y cráteres donde se guarecen, para esclarecerlos, libertarlos, amarlos y socorrer a aquellos que padecen su persecución. Los enfrentan con misericordia, pero con austeridad, conociendo su hipocresía y sandez, valiéndose, a su vez, de recursos especiales que desarrollan, y que los indigentes no consiguieron producir, lo que mucho los sorprende y aturde. La presente Obra estudia algunas de esas técnicas y luchas por la liberación de los seres, de sí mismos, de sus llagas e imperfecciones, en experiencias valiosas y también como forma de contribución para el establecimiento de una Medicina holística para el futuro, que considere al ser humano como espíritu, periespíritu y materia. Procuramos traducir innúmeros sucesos que tuvieron lugar en nuestra esfera de acción, a fin de advertir a aquellos que estén interesados en apresurar el propio proceso de iluminación y crecimiento interior.
Por las sendas de la liberación avanzamos en el rumbo de la Gran Luz, hasta el momento de la plenitud que nos aguarda. El presente trabajo no expone fantasías ni novedades que el estudioso del Espiritualismo en general y del Espiritismo en particular no conozca. Confirmando otras experiencias ya narradas, invita a la meditación, a la conducta saludable, a la vivencia de los postulados ético-filosófico- morales de la Doctrina Espirita y del Evangelio de Jesús. Feliz, por haber concluido la tarea a la que nos propusimos, suplicamos la protección de Jesús para todos nosotros, trabajador incipiente que aún me reconozco ser.
Salvador, 20 de septiembre de 1995
Por el espíritu Manuel P De Miranda
Médium Divaldo Pereira Franco Extraído del libro "Senderos de liberación"
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