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Divaldo Pereira Franco
Escrito por Administrador   
Miércoles, 08 de Septiembre de 2010 15:46

Sabíamos, gracias a las informaciones de Fernando, que uno de los objetivos de nuestra excursión a la Tierra era contactarnos con el cruel Tuqtamich, que vivió en el siglo XIV y desencarnó en el comienzo del siguiente. Habiendo nacido en Siberia, descendiente de Gengis Khan, fue señor absoluto de la región de Qiptchaq, cuando recibió el apoyo de Timur Lang y desbastó la Rusia. Posteriormente, su aliado se enemistó con él y lo venció, destruyó su reino y lo despojó terriblemente. Desencarnó en desgracia alrededor de 1406. Su impiedad competía con la de sus adversarios, a cada cual más cruento y sanguinario. Cuando se llevó a cabo la elección del Soberano de las Tinieblas, formó parte del séquito que lo presentó, pasando después a la condición de ministro de su reino de vandalismo espiritual. En la oportunidad lamentable a que nos referimos, había planeado el homicidio del litigante, quien sufrió la inducción de sus compinches, en el desafío y agresión a David.

Se vio frustrado gracias al providencial accidente orgánico del médium, cuya salud se encontraba afectada por los excesos cometidos y la falta de cuidados para con el instrumento carnal. En el momento de la plegaria, cuando rogaba socorro, el hermano Ernesto, conociendo la deficiencia cardíaca de su pupilo, exhortó, sin palabras, la intervención del Padre para evitar una tragedia más grave, en lo que fue atendido.

Con eso, el cruel enemigo desencarnado, no pudo saciarse de los fluidos del recién fallecido, agotándolo y arrastrando a su Espíritu para la región donde se refugiaba con la conciencia desordenada. Por tal razón, los Mentores acompañaron el cuerpo del desencarnado, a fin de prever el posterior desprendimiento del amigo invigilante. Para la ambiciosa Adelaida, era el inicio, también, de otro período existencial, en el que se daría cuenta de su comportamiento liviano y de la falencia espiritual junto a su esposo y comenzaría a limpiar su pasado. Sorprendido, de cierto modo, con el inesperado resultado de la discusión, el títere siberiano quedó algo desconcertado, a pesar de que sus áulicos celebrasen el evento con ruidosa fiesta de triunfo, aprovechando el desorden que reinaba en el ambiente, en un hospedaje vampirizante en los individuos allí reunidos y moralmente descuidados. De este modo, utilizando su fracaso, Fernando se aproximó al feroz guerrero y lo saludó respetuosamente:

-“Aguardábamos tu presencia -dijo con naturalidad-. Sé pues, bienvenido a este recinto, que no es el lugar ideal para un diálogo, así como no lo son las circunstancias del momento.”

Convocado directamente e identificando la cualidad moral del interlocutor, reaccionó con enfado y furor:

-“¿Sabes con quién estás hablando? -y tomó la ridícula postura de la personalidad tribal dominante.

- Sin duda -respondió el amigo-. Hablo con el viejo Khan Tuqtamich, terror de varias regiones del norte europeo-asiático, que la muerte arrebató y destituyó, reduciéndolo a su significación de paria espiritual.”

Las palabras finales lo golpearon como un latigazo. Su rostro se congestionó y asumió el aspecto de una máscara horrenda, con los ojos desencajados, rojos y llameantes, gritando:

-“Puedo fulminarte con mis poderes y mi voluntad. Por tanto, cuidado!

- A pesar de que éste no es el lugar apropiado, acepto su reto, por saber que tu afirmación no pasa de ser una soberbia para intimidar a los incautos y a los miedosos, que se someten a tu talante.”

El Khan irguió las manos en actitud de quien se prepara para disparar los dardos magnéticos y fijó sus ojos terribles en Fernando, quien permaneció impasible, concentrado y aureolado por una luz violácea-anaranjada en todo el cuerpo, que lo defendía de la irradiación negativa. Sudando abundantemente y exhalando un fuerte olor de azufre, él gritó:

-“¡Yo soy un diablo! Arrodíllate delante de mí. Has visto lo que acabé de hacer con el otro. (Se refería a David). No fue la primera vez que lo enfrenté, así como a su médico, ¿sabías?”

Nuestro compañero, sin ninguna reacción, respondió:

-“Sí, lo sé y recuerdo a la obsesa que tu condujiste hacia el Dr. Hermann... Hermano mío, eres un Espíritu enfermo y no una leyenda. La fantasía diabólica que utilizas no me asusta, no me produce ninguna preocupación, por ser el fruto de tu imaginación perturbada, sin estructura ni realidad. Tampoco tu has hecho ninguna cosa significativa, fuera de inspirar al rebelde duelo verbal estúpido, que culminó en la lucha insana... Tu acción fue un fracaso, del que tendrás que dar cuenta a tu Jefe, que esperaba y pretendía algo más expresivo... “Te exhorto, en nombre de Dios -éste sí es el Todopoderoso- a rendirte al Bien, a cambiar de comportamiento, tomando un rumbo nuevo. Son más de seiscientos años de alucinación, de peregrinación perversa en el mundo inferior, lejos de la luz, de la paz, del discernimiento, del amor. “Aprovecha, amigo-hermano. Este es tu momento grandioso de liberación de las sombras y del horror. Suena la hora de tu despertar. El reino de la fantasía perversa llega a su fin. ¡Detente! Jesús te espera, para presentarte ante el Padre Creador.”

-“Nunca! Mi reino es otro y mi Jefe tiene un nombre diferente. Mi lucha es el uniforme de la destrucción, del odio a la humanidad y a su Cordero. ¡Adiós!”

Una nube espesa lo circundó, como si fuera originada por una explosión de pólvora y él desapareció. Fernando, aún le afirmó:

-“Volveremos a encontrarnos, antes de lo que tu imaginas.”

Los acompañantes, delante de lo sucedido, se dispersaron como soldadesca sin freno ni comandante y abandonaron el inmenso salón del club. Poco a poco las personas se recompusieron y el banquete concluyó sin brillo, más tarde, como escenario de infelices acontecimientos. El oponente de David fue retirado apresuradamente, visiblemente entorpecido por el alcohol, por los fluidos deletéreos aspirados y por el choque nervioso ante la muerte del otro. Acto continuo, retornamos al Centro Espírita, casi a las dos horas de la madrugada.

El Dr. Hermann Grass, que había acompañado el diálogo de Fernando con el perverso líder de las sombras, quedó impresionado. Sus experiencias transcurrían en otra área, específicamente en el auxilio a la reparación de piezas orgánicas desestructuradas, gastadas, en descomposición... Es claro que sabía de las fuerzas en litigio en el mundo espiritual, como en el físico, pero nunca se había preocupado con ellas, hasta el día en que fue desafiado, en el pasado, por la obsesa que lo había abofeteado. Percibiendo los interrogantes que no llegaba a formular, Fernando le explicó, fraternalmente:

-“El mundo que ahora habitamos, es el causal, eterno, real. El físico es un pobre modelo de éste. Por eso, lo importante en nuestra labor es el ser profundo, el espíritu. Lo que no significa desvalorizar las acciones de beneficencia, de ayuda al cuerpo, que desempeña un papel de vital importancia en la vida. Sin embargo, preferentemente, el ser espiritual es el causante de las glorias y caídas que se impone a través de los pensamientos, palabras y obras. Inexorablemente, toda acción corresponde a una acción semejante. Los daños al organismo físico y psíquico pueden ser reparados mediante disposiciones y técnicas especiales, pero solamente serán erradicados cuando haya un cambio en los paneles de comando, por la transformación moral de los propios pacientes. Y como la muerte es un fenómeno inevitable de la vida, siempre nos cabe la tarea de preparar al ser para su inmortalidad.”

Luego de una pausa, prosiguió:

-“El mundo espiritual es el gran hogar, de donde se sale en un viaje experimental de iluminación y hacia donde se retorna con los resultados grabados en la conciencia... Comprensiblemente, aquellos que fracasan, tratan de huir de la responsabilidad y se hacen cómplices con otros semejantes, en vanas tentativas de escapar de sí mismos y de la Conciencia Divina. De esa manera, forman grupos alienados, que se consideran justicieros, arremetiendo contra todos cuantos les inspiran envidia, antipatía, celos... Esa es una lucha sin gloria, por cierto, puesto que es efímera, tornándose igualmente, un tormento que los maltrata y los lleva al despertar. Cuando eso no se da en forma espontánea, las Leyes de la Vida los conducen a la reencarnación en expiaciones libertadoras, reajustando de esa forma sus implementos morales, sus fuerzas espirituales. “De este modo, la muerte a quien los hombres temen y nos piden que impidamos que los arrebate, para nosotros tiene un sentido totalmente diverso... En el caso de nuestro David, lo lamentable es la pérdida de la oportunidad, que tendrá que reconquistar ahora, bajo duras penas y en largo tiempo y no la desencarnación en sí misma, sino en las circunstancias deplorables en que ocurrió...”

El Benefactor Vicente y los cooperadores que allí continuaban, dieron atención posible a los hermanos que condujimos para el socorro oportuno, algunos de los cuales habían sido encaminados a nuestra Colonia. Los que permanecieron, serían objeto de asistencia mediúmnica a través de los compañeros dedicados a la psicofonía atormentada, en las próximas reuniones, donde recibirían la conveniente adoctrinación y apoyo. Por ahora, quedarían bajo custodia fraternal de los trabajadores espirituales que allí estaban. Transcurridos algunos minutos, llegaron el hermano Ernesto y el Dr. Carneiro, informando que el cuerpo de nuestro amigo estaba siendo transferido hacia la Morgue, cumpliendo con las exigencias legales y que él, a pesar de estar aún vinculado a los despojos carnales, estaba convenientemente anestesiado, lo que le impediría sufrir los dolores de la autopsia... Los dedicados Guías consideraron que, pese a las últimas y lamentables actitudes, su existencia también estaba señalada por acciones nobles y caritativas en el comienzo del ministerio mediúmnico, antes de permitir perturbarse por la soberbia, por la prosapia. Portador de buenos sentimientos, éstos no estaban bien estructurados en su íntimo, a fin de resistir el cerco de los aduladores, a las calumnias de los envidiosos, a la persecución de la mala voluntad, a las incursiones negativas de los desencarnados infelices. Su dedicación inicial le granjeó simpatías, afectos y gratitudes. De ese modo, muchos Espíritus a quienes él benefició como médium auténtico o a sus familiares, se encontraban en vigilia, acompañando las últimas imposiciones terrenales y orando en su beneficio. Ningún bien que se haga, queda sin respuesta. Siempre hay una recompensa de amor, a cualquier acto de amor, aún cuando inconscientemente ocurre esa actitud. Dirigiéndose al Dr. Grass, el Benefactor Ernesto agregó:

-“Millares de personas de ambos planos de la Vida, ruegan bendiciones a Dios para el amigo, que las ayudó a disminuir sufrimientos físicos y angustias morales. Otras tantas se interrogan cómo quedarán ahora, teniendo en vista el afecto que dedicaron al noble médico.”

Sinceramente tocado, el cirujano indagó, a su vez:

-“¿Como quedaré? ¿Que haré? Se bien que Dios me sustentará, empero, cerrado este capítulo, gustaría de proseguir con una visión diferente, no obstante, con el mismo afán y la misma dedicación.”

El Dr. Carneiro lo envolvió en un abrazo afectuoso y comento:

-“Al buen trabajador nunca le faltan oportunidades de acción, especialmente en el delicado campo de la caridad fraternal a los enfermos. Un especialista, con las cualidades que posees, querido hermano, es bienvenido a nuestro grupo de acción, exactamente en este momento en que las enfermedades dominan desenfrenadas y el dolor se agiganta en los corazones afligidos. “Tomaremos los recaudos para que te sea facilitado un curso de perfeccionamiento en torno del periespíritu y sus funciones, a fin de poder operar en esa área compleja donde están radicadas las matrices de muchos males.

-“El período de los fenómenos mediúmnicos ostensibles, ruidosos y hasta chocantes, va cediendo lugar a las sutilezas del comportamiento, a la educación de los pacientes, de modo de ser lograda la cura real y a que la mediumnidad deje el escenario del exhibicionismo, que a unos convence, pero no los transforma íntimamente para mejor y a otros, por su aspecto agresivo, como en el caso que nos ocupa, provoca debate, sospecha, confusión mental... “Este es el momento de la Doctrina Espírita, por encima de la manifestación mediúmnica, a pesar de su inmensa contribución a la causa del Bien. “En esta Casa de amor y luz disponemos de excelentes médiums que podrán ser adiestrados para la actividad curativa, como ya viene ocurriendo discretamente.”

Uniendo las palabras a los actos, el Dr. Carneiro expuso al hermano Vicente lo que acababa de hablar al Dr. Hermann y le pidió autorización para que Leonardo fuese invitado a colaborar con el noble médico, en el futuro, prosiguiendo la labor, ahora bajo un nuevo comportamiento. El Director espiritual no ocultó su alegría, comprometiéndose a llevar al Mentor de Leonardo la propuesta edificante y conviniendo que Fernando, que había ejercido la mediumnidad curativa en su existencia anterior, se encargaría de adiestrar al compañero encarnado, el cual tendría sus compromisos mediúmnicos aumentados con responsabilidad ampliada. Testado por mucho tiempo, el candidato al trabajo más específico había superado los impedimentos y problemas, siendo fiel a los compromisos abrazados, particularmente los que se refieren a las actividades mediúmnicas. Siendo ese un campo espinoso, serían tomadas las previsiones para que las realizaciones ocurriesen con discreción.

El propio Dr. Hermann, en el futuro, adoptaría un seudónimo, de manera de evitar las habituales romerías de necesitados en busca de milagros. Nuevos y bienaventurados rumbos se delineaban, para la ampliación de las realizaciones espíritas. Los involucrados en la programación aguardaban ahora la ocasión de oír al Mentor de Leonardo, así como a él mismo. Luego de las aflicciones del proceso de crecimiento espiritual, surgían posibilidades de crecimiento íntimo para todos, particularmente el ingreso del médico cirujano a la caravana conducida por el Dr. Carneiro. Otras actividades nos aguardaban y los desafíos se tornaban más próximos, convidándonos al recogimiento y a la gratitud a Dios.

Espíritu Manuel P de Miranda

Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro "Senderos de liberación"