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Encuentro con la realidad PDF Imprimir E-mail
Divaldo Pereira Franco
Escrito por Administrador   
Viernes, 21 de Mayo de 2010 15:09

El ego ilusionado busca sobrevivir; para ello se vale de innumerables mecanismos de fuga de la realidad, y se expresa usando variadas máscaras, a fin de no ser identificado. En las relaciones interpersonales aparece disfrazado: es exigente en relación a los otros o excesivamente severo para consigo mismo, proyecta sus conflictos o introyecta sus aspiraciones no realizadas.

Subconscientemente posee conceptos incorrectos sobre sí mismo y no está dispuesto a enfrentar con coraje la realidad, pasándola por alto cuando es negativa o exagerándola si es favorable. Como se aferra a la ilusión de los conflictos, cuida de presentarse en forma conciliadora -la actitud subconsciente de lo que le gustaría realmente ser y la apariencia conveniente -, expresándose como persona feliz, realizada.

En razón del desgaste de los valores éticos en la sociedad, el miedo de mostrarse a otro genera reacciones y subterfugios en los cuales el ser procura compensaciones psicológicas que no le permiten sentirse pleno. Como sus cimientos son frágiles, pronto se derrumban las construcciones de bienestar que aparenta poseer, y cae en angustias reprimidas y en agresiones, por transferencia emocional, para su compensación íntima.

Existe una expresiva gama de actitudes humanas que están lejos de ser legítimas y son el resultado de posturas opuestas a su realidad. Salvo algunas excepciones, que se dan en los idealistas no apasionados ni extremistas, la mayoría de los que vociferan contra lo que sea, enmascaran deseos subconscientes que reprimen por falta de valor moral para expresarlos con nobleza. El individuo puritano, que fiscaliza la mala conducta ajena, proyecta el estado interior que procura combatir en los otros, porque no está dispuesto a hacerlo en sí mismo. El crítico mordaz y persistente, de ojo clínico para los errores y miserias de los otros, es portador de inseguridad personal y alimenta un gran desprecio por si mismo, que trata de compensar con la agresión.

Quien se identifica normalmente con los dolores y aflicciones, con la humildad exagerada y, por consiguiente, falta de autenticidad, exterioriza inconscientemente un estado paranoico sumado a un deseo inagotable de llamar la atención. Aquel que siempre realiza todos los sucesos y encuentra justificaciones para sus propios fracasos y errores, se teme a sí mismo, y carece de una estructura emocional apropiada para liberarse de los conflictos.

Sin agresividad, sin sentimentalismo ni ansias de confesiones injustificables, muéstrate a tus hermanos, a tus amigos, a fin de que se sientan cómodos y se presenten como son. No pretendas ser el censor de las vidas, perturbando los juegos de las personas con la exposición de tus verdades. Si les quitas la base de sustentación, ¿tienes algo para ofrecerles en términos de comportamiento y seguridad? Vigílate, pues, y confía. Deja que te identifiquen por tus valores grandiosos y por tus deficiencias, facilitando así, a los que conviven contigo, la misma actitud de darse a conocer y de confianza. Solamente con las personas que conocemos podemos sentirnos realmente bien.

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La realidad divina me despierta para que me conozca, y de ese modo me descubro y me identifico.
Mi búsqueda ya no está revestida de ilusión, sino de la certeza del próximo encuentro con la realidad.
Soy lo que soy, avanzando hacia un ser ideal.
Me acepto y me perfecciono, nada exijo, amo a todos y a mi mismo, dejo que la Realidad me domine.

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Espíritu :Joanna de Ángelis
Médium: Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro "Momentos de salud"