Browse this website in:
Google
Web
Buscar en Luz Espiritual

La weblog Espirita de Mari

 

Radio Colombia Espirita

Hora local

Barcelona-España

La televisión espirita

 

Fenómenos mediumnicos PDF Imprimir E-mail
Divaldo Pereira Franco
Escrito por Administrador   
Lunes, 17 de Mayo de 2010 15:03

Siendo la educación la gran modeladora del carácter, su campo de acción alcanza las aptitudes psíquicas del hombre, contribuyendo eficazmente para su desarrollo. La mediumnidad, considerada como facultad del alma que se manifiesta por medio de los implementos orgánicos, es maleable al comportamiento, debido a las vinculaciones que éste mantiene con las Entidades desencarnadas que la utilizan. Sincronizando las ondas mentales conforme a su intensidad vibratoria que surge de la calidad y el tenor del pensamiento, se le hace indispensable al médium efectuar un gran esfuerzo educativo, a fin de habituarse a las expresiones de ennoblecimiento, de las cuales extraerá fuerzas y renovación íntima para el control adecuado y la utilización de los recursos psíquicos.

En ese campo, se le impone un cuidadoso estudio de su propia personalidad, a fin de identificar las deficiencias morales y corregirlas y de equilibrar las oscilaciones de la emotividad, vigilando el temperamento. Así mismo, el ejercicio de actitudes moderadas se le torna imprescindible para obtener los resultados superiores que persigue en la vivencia de las funciones paranormales. Al igual que las otras facultades psíquicas, el comportamiento moral del individuo es de fundamental consecuencia para la mediumnidad.

Por lo tanto, se torna de inapreciable significación el examen de esa compleja facultad cuyo mecanismo se instala en las mallas sutiles del alma, que la comanda aunque sea inconscientemente. Percibidos los síntomas que la caracterizan y que no siempre están constituidos por perturbaciones morales, psíquicas y mucho menos, como la simplicidad popular las convencionó en llamar "azares de la suerte", merece comprensión y examen de la aptitud con una conveniente toma de las posibilidades para aplicarlas en forma rentable en la economía del amor y del bien general a que debe ser dedicada. La ignorancia que existe en torno de esa facultad importante del alma, ha confundido sus expresiones con los fenómenos de la llamada "miseria psicológica", haciendo que sus causas sean responsables de los fracasos humanos, de los humanos tormentos y de las dificultades de variado orden que afligen al hombre. Así mismo, se anuncia, ante cualquier acontecimiento infeliz, que las matrices del inconveniente están en la mediumnidad de la que es portador y no se le dan los debidos cuidados.

Entre tanto, no es correcta una afirmación de ese tenor. Sin duda, si es relegada al abandono, produce perturbaciones, si consideramos el comportamiento moral del médium. La conducta buena o mala atrae hacia el hombre afectos o desafectos que comparten sus fuerzas físicas, a pesar de encontrarse en la Esfera Espiritual. Si consideramos la calidad de las aspiraciones de esos comensales que se le vinculan y le absorben sus vibraciones peculiares, veremos que de ello surgen los estados de inquietud y los conflictos. Por lo tanto, no es la mediumnidad quien responde por tales efectos, sino la conducta moral del individuo. La desatención y la irrespetuosidad hacia la mediumnidad, promueven situaciones de dependencias malsanas que resultan de su uso inadecuado por parte de Espíritus enfermos, malvados, perturbados y perturbadores...

Más allá del deber inmediato de moralizarse para asumir el control de las fuerzas medianímicas, el sensitivo debe instruirse en los postulados espíritas, a fin de conocer todos los sucesos relacionados con ella, adiestrarse en la convivencia con los Espíritus, saber conocerlos, identificar las "leyes de los fluidos", seleccionar sus pensamientos de los que le son inspirados, discernir cuándo el mensaje procede de sí mismo y cuándo fluye a través suyo, proveniente de otras mentes...

Igualmente le cabe conocer las revelaciones sobre el Mundo Espiritual, desprovistas de lo fantástico y de lo sobrenatural, del cual la vida en la Tierra es un símil imperfecto, preparándose, además, para enfrentar las vicisitudes y vadear sus aguas, cuando ocurra la desencarnación. La mediumnidad no tiene ninguna implicancia con religión, conducta, filosofía o creencia... La dirección que se le da es la que la torna portadora de bendiciones o desdichas para su responsable. Sin embargo, con la Doctrina Espirita, se aprende a transformarla en verdadero puente de luz que faculta el acceso a las regiones felices donde viven los bienaventurados por las conquistas victoriosamente emprendidas. A pesar de vivir en el torbellino de la vida moderna, el médium no puede prescindir del hábito de la oración, puesto que nadie puede pasar por encima de las vicisitudes infelices, sin el beneficio de la plegaria que ilumina el alma por dentro, tranquilizándola, e inspirándola y favoreciéndola al mismo tiempo, con las fuerzas necesarias para los vuelos decisivos en la conquista de los pináculos...

Paralelamente, la vida interior de reflexiones, favorece el registro de los mensajes que le son trasmitidos, aprendiendo a guardar silencio íntimo con el cual se capacita para la empresa. El comportamiento y el burilamiento del medianero es muy importante en cualquier tipo de mediumnidad, intelectiva o de efectos físicos. A veces, personas mal adiestradas y que poseen significativas fallas morales, son portadoras de mensajes de Benefactores nobles, en una demostración de que el carácter moral del instrumento es de secundaria importancia para ese menester... Sin embargo, esto es una conclusión apresurada. Los Espíritus Superiores, al aconsejar, esperan que sus instrucciones beneficien primeramente a los propios médiums que las vinculan, insistiendo en el esfuerzo que estos deben realizar en transformarse, ya impedidos de continuar en la tentativa por falta de identidad psíquica, porque los instrumentos se situarán en una faja de sintonía distinta. Sin embargo, jamás abandonan a sus beneficiarios, sino que son abandonados por éstos, en razón de que los mismos no se interesan por ascender y seguirlos, prefiriendo las expresiones groseras de las sensaciones violentas con las cuales se identifican y en las que se enlodan...

"Quien quiera venir hacia mí – declaró con énfasis Jesucristo – tome su cruz y sígame". La invitación no deja margen a ningún tipo de interpretación dudosa, no faculta el comodismo de cualquier especie. Su convocatoria es tan concisa como incisiva. La cruz, significa los problemas que todos poseen y que deben ser ecuacionados bien, y el tiempo de hacerlo es hoy, en la hora presente. La otra determinación en la invitación, es la opción de querer, por cuanto sin esa definición de profundidad, las tentativas no van más allá de la superficialidad. La mediumnidad espirita colocada al servicio de Jesús, es una cruz bienaventurada que debe ser conducida con elevación. De este modo, la técnica de su educación se basa en la práctica de la caridad en los múltiples aspectos en que se presenta. Nunca se restringe o retrocede, permaneciendo con los brazos abiertos en actitud fraterna para recibir a todos y para acariciar y ayudar. Fomentando el progreso del hombre y de la Tierra, no desanima cuando las dificultades se multiplican, no desiste cuando los impedimentos parecen imposibles de ser transpuestos, por cuanto su ministerio no es precipitado, a pesar de la urgencia de que se reviste.

Las realizaciones mediúmnicas son todas pacíficas, portadoras de calor y optimismo, mensajeras de la alegría y de la inmortalidad, que no se compadecen del error ni del delito, a pesar de tener por objetivo, levantar al hombre que cayó en las hábiles urdiduras infelices y que debe ser extraído de allí, al precio de la paciencia, la perseverancia y la abnegación. Tomándose dócil a las voces de los Espíritus guías, el médium adquiere la confianza de sus Mentores, y experimenta, a menudo, su buena influencia, la cual se le torna una necesidad, cuya falta lo aflige y lo impulsa a lograrla nuevamente. Cuando es bien conducido, el fenómeno mediúmnico se incorpora a la naturaleza del medianero que, disciplinado, mediante austeras exigencias a las que se impone y nunca a los otros, deja de ser un hombre fenómeno para que resalte el fenómeno de su transformación moral y su crecimiento espiritual. Cuando el médium no se permite realizar desarreglos, irregularidades, ahorra fuerzas que transforma en mecanismos poderosos y agentes especiales de realizaciones productivas para la tarea que desenvuelve en beneficio propio, redundando en beneficios generales.

Toda vez que alguien se yergue, con él se levantan los miembros caídos de la humanidad desfallecida. Si es descuidada, la facultad medianímica se convierte en un pozo de aflicciones, teniendo en cuenta la cualidad de sus usuarios que, portadores de desequilibrios de toda índole, ensucian sus fuentes generosas, turbando su agua límpida, que pasa a conducir miasmas pestilentes y venenosos. La primera víctima, empero, es el propio médium imprevisor, que se conecta con las mentes viciosas y malévolas de la Erraticidad inferior, quienes se complacen en la manutención de los equívocos en los que permanecen, desnaturalizando las finalidades de la vida y padeciendo sus consecuencias. Allí se inician o se reanudan las ligaduras de obsesiones crueles, mediante las cuales el encarnado se desalinea, saliendo de la directriz meridiana del equilibrio, para dirigirse hacia las distonías variadas, en las que se aturde en un proceso soez de compleja recomposición. Otras veces, la distonía toma un curso sutil, engendrando fascinaciones peligrosas y empujando al incauto hacia el campo de las revelaciones sin procedencia, en las cuales las expresiones de la imaginación enfermiza toman cuerpo, asumiendo posiciones de misioneros soberbios o de apóstoles intolerantes, cuyos vaticinios son calamitosos y terroríficos.

El ejercicio de la mediumnidad en proceso de educación, de disciplina, es simple, a pesar de que no es fácil. Es simple, porque el mecanismo de las leyes de amor que pulsan en el hombre hacen: que él la coloque al servicio de la caridad, desinteresadamente; que se ofrezca, a través de un programa bien delineado, a la labor de la solidaridad y de la misericordia fraternal; que se esclarezca y aprenda a manejar los recursos de que se torna portador; que se beneficie con las fuerzas que coloca al alcance de su prójimo; que se libere de la constricción asfixiante de las imperfecciones, superándose y renovándose en la búsqueda de Dios. No es fácil, si son consideradas las posiciones que conspiran contra su finalidad, posiciones en las que el ser se demora milenariamente, dominado por el egoísmo y por el orgullo, sujeto al cepo de los placeres fuertes y tóxicos a los que se acostumbró y a los cuales no se resuelve a abandonar. Condicionado a la adquisición de los valores perecederos que garantizan la posición social y facultan las licencias, se torna difícil permutarlos por aquellos otros de naturaleza diferente, que no se inscriben en las cuentas bancarias ni pueden ser catastrados por las Entidades contables, pero que son de carácter esencial para la paz duradera y el optimismo permanente, como exteriorización de la salud mental y moral del hombre.

El médium seguro, conforme Allan Kardec denominó al buen médium, se revela a través de las actitudes sensatas del ciudadano que es, convidado a la convivencia social. Su equilibrio en el comportamiento en las diversas situaciones en las que se ve envuelto, habla de su estado íntimo, de la calidad de sus tendencias y, consecuentemente, de las compañías espirituales que le son afines. Siendo comedido, es discreto; se torna acreedor de confianza si es digno; jovial, esparce alegría sin la necesidad del anecdotario grosero; responsable, evita los gestos mascarados que en nada acrecientan los valores internos de que es portador; paciente, sabe que los acontecimientos, no sucedidos en el día de hoy, se realizarán en el momento apropiado; humilde, se exterioriza conforme es, sin las apariencias que realcen su virtud, que se complace cuando es ignorada; generoso, no hace alarde de su bondad natural: amigo, dispensa los encomios y las adulaciones, de manera espontánea.

La procedencia de los mensajes espirituales que filtra se revela en el contenido de que se revisten, teniendo como objetivo la reforma del ser hacia el bien y el socorro anónimo que disemina. El fenómeno mediúmnico está presente en todos los tiempos de la Humanidad, ya que la mediumnidad forma parte de las múltiples facultades del alma encarnada, siempre detectada a través de la Historia. El Espiritismo, empero, le dio una dirección, dignificándola, estableciendo leyes que deben regir el fenómeno, y orientando los requisitos educativos para la disciplina y la buena conducción de los médiums. Del informe espiritual, puro y simple, elevado, arbitrario o inconexo, a través de hombres apasionados, temperamentales o no, débiles, nobles y dudosos, la Doctrina Espirita irguió una metodología eficiente para la experimentación mediúmnica superior y su ejercicio con finalidad ennoblecedora. La importancia de la mediumnidad depende de la cualidad del propio médium que le da autenticidad, y gracias a su vida sin oscilaciones perjudiciales, los fenómenos se producen dentro de un ritmo y de una armonía que condicen con la excelencia de las fuentes de origen. Educarse incesantemente es un deber al que el médium debe comprometerse íntimamente, a fin de no estacionarse y, perfeccionándose, lograr las excelentes finalidades que la Doctrina Espirita propone para la mediumnidad con Jesús.

Juana de Angelis

Mensaje psicografiado por Divaldo Pereira Franco