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Terapias desobsesivas PDF Imprimir E-mail
Divaldo Pereira Franco
Escrito por Administrador   
Domingo, 09 de Mayo de 2010 15:41

La obsesión es una yaga moral del Espíritu, su generalización es muy amplia, tornándose periódicamente, una virosis de contacto rápido, como resultado del proceso evolutivos de las criaturas exige su imposición como una necesidad sanadora de los cuantiosos compromisos negativos que permanecen en la economía de la sociedad.

En la Antigüedad Oriental, así como después, durante la Edad Media, se presentaba con características epidémicas y barría a los pueblos, les daba una tregua y retornaba intempestivamente. En sus diversos aspectos, ha sido muchas veces confundida, con la locura, a desafiado a los estudiosos del comportamiento, de la salud, de la religión y de las ciencias de la mente. En ciertas ocasiones, sutil, asume proporciones inesperadas, llevando a extremos lamentables a aquellos que caen en sus redes.

Por la imposibilidad de enfrentarla, de reducirla, con recursos hábiles y eficaces, la humanidad ha sufrido considerándola un castigo divino, utilizando por desconocimiento de su génesis, métodos de combate no menos crueles. La obsesión puede influir maléficamente en la organización física, produciendo patologías tan complejas como dañinas. Ya que se trata de la ingerencia de la presencia psíquica de un desencarnado en un encarnado.

Allan Kardec la estudió profundamente, siendo el primer investigador en penetrar en sus causas, analizarlas y presento las terapias compatibles, capaces de disminuirlas o erradicarlas completamente. Antes que el, Jesús, diversas veces, enfrento y atendió a obsesos y obsesores, socorriéndolos con Su inefable amor y libertando a unos de los otros, mediante la fuerza restauradora de que era poseedor. Su dialogo con esos enfermos son profundos, presentando a la sicopatología un admirable capitulo, que permanece oscuro en las áreas de las doctrinas especializadas.

El espiritismo, en cambio, por lidiar con los factores causales, analiza el problema y lo elucida, proponiendo métodos correctos para atender a los que se encuentran involucrados, al tiempo que suministra terapias preventivas, que impiden la instalación de la enfermedad. La obsesión tiene sus raíces fijas en los antecedentes morales de ambos litigantes. Egoístas e irreflexivos, no miden las consecuencias de sus actos venales, pasando a vincularse uno en el otro a través de las cadenas del odio, de la venganza, que los hace cada vez más infelices. Arrastrándose, de ese modo, por siglos de sufrimientos dolorosos, pasando de victimas a verdugos y recíprocamente, hasta que el amor les encienda la luz de la esperanza en las sombras donde permanecen y el perdón los torne verdaderos hermanos en la senda evolutiva.

El amor es el primer medicamento para la terapia obsesiva. Ya que abre las puertas de la esperanza y esclarece las finalidades de la vida, proporcionando el perdón que suaviza los dolores producidos por las ulceras del odio. Si por el contrario persisten en el resentimiento y el malquerer, el rencor y la desconfianza, la obsesión permanece como un acido quemando los delicados engranajes de la casa mental y produciendo las alineaciones tormentosas. La mediumnidad es la gran oportunidad que posibilita la identificación y la cura de las obsesiones. El paciente victima de la obsesión, es portador de mediumnidad, que necesita conveniente educación, con el fin de aplicarla en finalidades relevantes. La obsesión es una dolencia grave, aun cuando se presente en un cuadro simple, que puede ser de forma depresiva o de morbo que afecta la salud física. Es por eso que se impone la transformación moral del paciente y el cambio de actitud emocional del agente que la desencadena, consciente o no.

La obsesión existe, porque existe un debito, por parte del que la sufre. Las leyes de la vida disponen de recursos para la reeducación de los incursos en sus códigos de justicia. La intemperancia y precipitación de los individuos, perturbados en si mismos, los llevan a los desagravios y venganzas, produciendo esos innecesarios procesos de sufrimientos. Lamente infeliz, a través de la monoidea de agraviar, descarga ondas de odio sobre su desafecto que, desprovisto de recursos morales, tales como la invigilancia, la caridad, el amor , las capta por medio del campo del periespiritu, con el cual aquella sintoniza por afinidad vibratoria hasta transformarse en una idea perturbadora en su propio psiquismo. A veces, por la acción de la voluntad, condensa sus vibraciones, presentándose con aspectos terroríficos durante la vigilia y el parcial desdoblamiento producido por el sueño, y provocando por medio de pavor, que se transforma en una patología alucinante.

En la sucesión de sus interferencias consigue dominar la mente culpable, que se le hace sumisa, dando curso a los más graves fenómenos de subyugación, que la ignorancia, por muchos siglos, consideró como posesión demoníaca y que los científicos rotularon esquizofrenia. De la misma forma, la constante ingestión psíquica de la onda mental enfermiza produce variados disturbios orgánicos, que facilitan la instalación de gérmenes destructivos de la salud o provocan, por si misma, alteraciones celulares, ulceraciones, disfunciones de diversos órganos. En consecuencia, la desobsesión es la terapia especializada y única poseedora de recursos para la liberación del alineado. Mediante el esclarecimiento del espíritu enfermo, imbuido de la falsa idea de justicia, se deberá disuadirlo del propósito infeliz, demostrándole el error en el que se encuentra e inducirlo a la certeza de que el amor de Dios todo lo resuelve.

Es necesario la concienciación de la victima, para que busque la rehabilitación por medio de un cambio de comportamiento mental y espiritual. La reforma moral del obseso hará que su actual perseguidor constate su esfuerzo en mejorarse, demostrando arrepentimiento de las acciones infelices, y serenando el animo, se torna amigo del antiguo verdugo, avanzando con el para la ruta del bien. La desobsesión también puede realizarse más allá de la esfera física, por la intervención de los benefactores espirituales, cuando constatan el esfuerzo del alma para rehabilitarse y auxiliar a su perseguidor. En los procesos que afectan al organismo fisco, además del recurso espiritual liberador conveniente la terapia medica correspondiente, para la reorganización del mismo. El abuso del sentimiento, que lleva a la vampirización psíquica, es también un motivo de obsesión, que genera prolongados disturbios. Los deseos perturbadores lanzan petardos mentales que alcanzan a aquellos a los cuales son dirigidos, produciendo extrañas y desagradables sensaciones. Cuando son recíprocos, dan curso a una interdependencia psíquica que afecta tanto al área de la emotividad, así como de la organización somática, generando sufrimiento.

La criatura es siempre responsable por su propia vida. Solamente hay agravios, obsesión y sufrimiento, porque se eligen comportamientos enfermizos en detrimento de aquellos otros que son positivos. Con las poderosas energías del amor, es con lo que podemos disolver las cadenas del mal, es esta, la solución para la desobsesión, se libera el ser del sufrimiento que su negligencia generó, favoreciendo con la salud integral, resultado de una mente en armonía con la vida, a una organización física equilibrada y la emoción como la razón dirigidas hacia el bien, hacia el progreso, hacia la felicidad.

Médium Divaldo Pereira Franco
Extraído del libro "Plenitud"