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Enriquecerte de amor. Sal a sembrar la luz de la esperanza, donde se acumule la sombra y se estanque la desesperación.....
Abre zanjas en la tierra árida de los corazones, y surca el lecho de los arroyos para que estos esparzan la vida rica en flores y coloridas, en el exuberante verdor de sus orillas.
Acompañan con los ojos matizados de luz a los verdes y bellos campos rociados de colores, bendecidos de nomeolvides azules, levantados por pensamientos, sin defectos, adornados de margaritas.
Olvida los dolores, deja al lado la amargura, vulva al candor, refrena la sublevación mientras haya paz....
La guerra esta en descanso; Los instrumentos de destrucción permanece en los museos, en la tierra, lejos de los destrozos que producen.
Sigue, entonces, al pájaro ágil, continua mensajero, dominado por el amor. Atiende al cordero que pasta junto con el lobo y la rebelión que, muriendo, al bien que extiende la mano....
No te fatigues pensando el al mal, conserva en encanto del servicio, tu faro, unto a tu hermano. Esta designado que el bien es vida y la caridad bien vivida es el alma de la fe...
Mientras haya paz, expande la acción de la bondad. No relates adversidades, ni engaños, ni fracasos, ni fraudes, ni desamores...
Ábrete en fiesta y canta la simple lección del servicio que renueva el paisaje desierto del continente de las almas resecadas, renovando las vidas cansadas de esperar...
Mientras hayas paz mantén la confianza, promueve la abundancia. Transforma pantanos jardines, impón a la enfermedad su fin. Como una tragedia....
Enciende las estrellas en la noche sombría, disminuye la angustia en cada alma, todos los días. Y, desplegando bendiciones y calma, evitaras futuras guerras, mientras hayas.
Un día, el amor se vistió de hombre dignifico a la sencilla semilla, honró a las redes del amor, canto el valor de un dracma, entre lazo consideraciones felices en los rojos atardeceres y los pálidos amaneceres. Y dándose, apareció en una cruz que se hacia sublime punto de luz....
Sin embargo, para que permaneciera la paz volvió a los hombres, en una linda madrugada, a fin de que jamás desapareciera del corazón humano la suave y dulce presencia de la paz. En paz olvida la guerra destrozadora en el descanso permanente del museo, abominada, olvidada, para que, abandonada y vencida no vuelva nunca mas.
Divaldo Pereira Franco. Extraído del libro “A lo lejos en el Jardín”
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