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Leyenda oriental PDF Imprimir E-mail
Divaldo Pereira Franco
Escrito por Administrador   
Sábado, 07 de Noviembre de 2009 16:42

La existencia terrena puede ser comparada a alguien que posee un tesoro valioso y sale en busca de otro perfectamente disponible, pero que cree que es el único que le traerá la felicidad, cayendo después en frustración y desesperación. Cuenta una antigua leyenda oriental, que una joven señora, caminando con el hijito en brazos, paso delante de una extraña gruta, desde donde una voz agradable y seductora la llamó, invitándola a entrar y apropiarse de los tesoros allí existentes, bellos y raros, como jamás los ojos humanos vieron antes.

Aturdida y dominada por la curiosidad al oír la desconocida voz se fascinó con la propuesta. De nuevo escucho la voz diciéndole: Que todo lo que podría coger antes de salir, pasaría a pertenecerle, empero, en el momento en que se apartase de la caverna, una pesada puerta descendería y no se abriría jamás.

Aconsejándola, tuviese pues cuidado, pues estaba delante de un hecho de felicidad nada común, y no podría volver al lugar después que la puerta fuese cerrada. La afortunada mujer miró a su alrededor, y como no viese a nadie, imagino que no tendría nada que perder si entraba, lo que hizo de inmediato, quedando deslumbrada al contemplar joyas de peregrina belleza, gemas preciosas, collares relucientes, recipientes de ébano y alabastro, estatuas de incomparable perfección, esmeraldas, zafiros, diamantes, rubís, perlas.

No había retornado a la realidad, cuando oyó a la voz repetir: Retira lo que quieras para llevar, pero ten prudencia, porque después de salir la puerta descenderá y lo que quede atrás, nunca más será recuperado. Dominada por la idea de la inmensa ganancia, comenzó a recoger las piezas que le parecían más valiosas y porque desease reunir la mayor cantidad, coloco al hijito que tenia en los brazos en un lugar confortable en el suelo, y continuo colocando en la falda recogida y convertida en depósito, todo cuanto podía cargar.

Cuando creyó estar con un fardo infinitamente valioso salió apresuradamente y vio descender la pesada puerta. Respiro aliviada y sonrió. Se encontraba radiante de felicidad, cuando, súbitamente, recordó que había dejado al hijito en la caverna… ¡Desesperada replicó!, ¡Ahora que lo tengo todo cuanto había deseado tener, perdí, en la gruta olvidado, mi mayor tesoro¡

Así actuamos en lo cotidiano en la tierra. Poseemos lo que hay de más importante para la felicidad, y no obstante, continuamos en la caverna de las ambiciones procurando fantasías y brillos secundarios, perdiendo el tesoro de la paz, sin la cual caemos en el foso de la desesperación sin remedio… La obsesión es una de las enfermedades más antigua de la Humanidad, ella siega la salud física y mental del hombre. Terriblemente ignorada o simplemente no considerada, prosigue en su triste destino de vencer a todos aquellos que caen en sus mallas coercitivas. Es necesario, que dirijamos todos los esfuerzos hacia la desmitificación y al combate de ese terrible mal pues nos encontramos amparados por los ideales superiores y bebemos en la palabra de Jesús la dirección correcta para la felicidad.

Tenemos una existencia actual, aprovechemos el tiempo y el tesoro que nos han legado, el espiritismo, el nos conducirá a puerto seguro, si hacemos lo que el nos dice. No seamos olvidadizos y dejemos las enseñanzas a un lado, después más tarde para rectificar. Solo el sufrimiento del fracaso, y ya será demasiado tarde lamentaremos esta acción y consecuencias nos encontraremos al despertar, al otro lado. Pues todas pertenencias materiales son efímeras y perecederas, solo nuestros actos tienen valor, porque ellos nos enriquecerán nuestro valor espiritual o por el contrario nos empobrecerá si no hemos obrado correctamente.

Las leyes Divinas, inscritas en la conciencia de cada ser, establecen directrices de la felicidad o de la necesidad de reparación del error, conforme las pautas de valores vivenciadas durante la oportunidad existencial. La Ley es siempre de amor, nunca de castigo, en el sentido castrador y perverso. Jamás nos faltaran oportunidades de iluminación para quienes desean realmente la palma de la victoria, bastándonos con solo no mirar, atrás, sino proseguir con devoción, aun estamos a tiempo, utilizando todas las ocasiones para tornarnos mejores. El desempeño es de naturaleza intima, en los paisajes de los sentimientos donde nadie pasea para observar, excepto el propio individuo.

Historia extraída del Libro “Tormentos de la Obsesión"
Médium Divaldo Pereira Franco
Enviado por Merchita