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Todo lo que pretendes hacer, o que estás haciendo, acuérdate de hacerlo con dedicación, con amor. Viniste a la Tierra para hacer alguna cosa y esa misión tiene gran importancia. Cuida de hacer todo con perfección, tomando en cuenta que no hay nada perfecto sin que haya Amor.
Las escuelas del mundo nos dan los medios de entender las cosas en su profundidad. No en tanto, no son solamente ellas las que nos llevan a comprender nuestros deberes. Una gran parte nos toca directamente y esa debe ser hecha por nosotros, condicionando experiencias y usando nuestra voluntad, aquella que nunca esmorece ante los obstáculos.
No podemos olvidarnos de la madurez del espíritu conferida por el tiempo. Sin embargo, los clarines de la eternidad tocan, alertando a las almas. Es llegado el momento de la comprensión iluminada de rastrear a nuestros deseos del aprendizaje en los campos inmensurables de nosotros mismos, cogiendo datos y acertando aristas, operando tumores y curando enfermedades en nuestro mundo interno.
La mayor batalla a ser vencida es la lucha que deberemos trabar con nosotros mismos, es el Bien contra el Mal, en la profundidad del alma, para después hablar con seguridad a todos los que quieran oír: Yo soy la Luz. El milagro del pensamiento hace a los grandes científicos pensar. Ellos usan la razón, más desconocen su procedencia y los medios por los cuales los pensamientos son hechos. Las sutilezas de las ideas y la inteligencia de los hombres escapan a la propia inteligencia de estos mismos hombres, cuando ignoran la existencia del espíritu. Cuando descubrieron las computadoras, ellos hallaron que habían encontrado el secreto del cerebro humano, olvidándose de procurar saber de dónde venía la inteligencia. Los computadores son programados, no piensan por si mismos.
La ciencia del mundo sin la ciencia del espíritu está muerta y se deshace como el propio tiempo, no resiste al progreso, a no ser que se encuentre con el alma, para ayudarla a explicar la fuente de toda sabiduría, que es Dios. En todo lo que hicieras, no te olvides, de en primer lugar, acordarte de nuestro Padre Celestial, que está vibrando, trabajando y asistiéndonos desde la materia primitiva al alto escalón de la eternidad. Si puedes coordinar tus ideas, hadlo con armonía. Si es de tu agrado disciplinar tú habla, empieza pronto. Si puedes dar ritmo a tus pasos, hadlo también. Si puedes vestir decentemente no debes olvidarte de hacerlo.
Los otros caminos encaminados para la perfección van surgiendo en el padrón de tus esfuerzos y en la búsqueda, ellos surgirán más deprisa, para que puedas sentir la luz del discernimiento con mayor rapidez. Trabaja con interés de servir bien, que tu trabajo se transforme en alegría. Dispensa los adjetivos que no correspondan las cualidades ennoblecidas del Evangelio y avanza para los calificativos que horran toda la policromía enriquecida por el amor en las variadas estaciones de los sentimientos. Confirma tu pasaje, por donde pases, con claridad y la perfección que lo debes hacer, que lo Bello siempre honra a su genitor. En todo los que hagas, acuérdate de hacerlo bien. No te olvides jamás el talle de la perfección, que ella devolverá la gloria para el propio artista.
Cirugía Moral
João Nunes Maia
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