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Es cierto que habrá días en que los problemas naturalmente aumentaran en las lides cotidianas, demandando mayor dedicación para solucionarlos. No es raro, que habrá momentos en el que las exigencias emocionales se tornaran más intensas, exigiéndonos mayores esfuerzos para mantener el equilibrio, a fin de no perdernos nosotros mismos. Posiblemente, habrá situaciones en las que los dolores morales se intensificaran de manera casi insoportable, obligándonos a esfuerzos inauditos para que no sucumbamos. Una que otra vez, compromisos y responsabilidades pesaran en los hombros, pidiéndonos accionar más y más nuestras capacidades.
Sea cual sea la situación que la vida nos ofrezca, será siempre la oración el bálsamo que nos dará el sustento, el coraje y la perseverancia. Si los problemas y desafíos de la vida son inevitables, será a través de la oración que ellos tomaran su verdadera dimensión. Será la oración y el recogimiento la que nos permitirán tener la claridad y entendimiento para enfrentar nuestros problemas. Con la mente tranquila y serena, fruto de la oración, de la comunión con Dios, conseguiremos no dar valor excesivo a los problemas. Tampoco subestimarlos, no ofreciéndoles los cuidados necesarios.
De esa forma, nosotros al refugiarnos algunos minutos en la oración, estaremos dándonos oportunidad de reflexionar, de conseguir la necesaria serenidad, de lograr la paz intima, que son fundamentales para el buen enfrentamiento de los desafíos de la vida. Cuando nos colocamos en contacto con Dios, ninguno de nuestros problemas serán solucionados meticulosamente, o ninguna dificultad va a desaparecer de nuestro panorama. Porque a fin de cuentas, todos los problemas que nos suceden son oportunidades de aprendizaje y crecimiento personal. Y, cuando buscamos la oración como recurso terapéutico, podremos de ella obtener las bendiciones celestes que nos impulsaran al bien actuar y mejor conducirnos en nuestro camino. Por tanto, no será necesario ritual o formulas pre establecido.
Tampoco que estemos en ese o en aquel lugar especifico. Donde estemos, ese será siempre el momento adecuado de buscar la inspiración Divina, y Su amparo y sus Bendiciones. Por tanto, conversemos con Dios como el hijo que comparte con el Padre amoroso sus problemas, aconsejándose y pidiendo ayuda. No tardará en que la vida nos traiga las mejores respuestas y los mejores recursos, repercutiendo en la intimidad de nuestra alma. Siendo así, enfrentando los problemas de cualquier naturaleza, recordemos que la oración será la compañera ideal para aclararnos la mente, para apaciguar nuestro estado de ánimo y nos indicará cuales son los mejores pasos a dar, frente a lo que nos cabe cumplir.
Redacción de Momento Espírita
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