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Por más que nieguen los materialistas, la espiritualidad es un atributo que forma parte de la esencia del ser humano. Desde los tiempos primitivos el Hombre percibió que existen fuerzas que transcienden su dominio y pasó a respetar, a temer y a subyugarse delante de las amenazas de los dos fenómenos de la naturaleza, de la conjunción de los astros y de la inseguridad del futuro. Nacieron así las creencias, los mitos, los dioses, las magias, los sortilegios, el misticismo, se organizaron templos e iglesias con sus liturgias, sus sacerdotes y prosperaron a las “instituciones religiosas”.
En este clima varios dioses disputaban el poder y la fuerza del verdadero Dios. Conquistando la razón en el transcurso de los milenios que la evolución le exigía recorrer, el Hombre percibía que su experiencia psíquica superaba la realidad limitada por la experiencia que los sentidos le permitían percibir. En su interior, la vida transcendía a la propia muerte y los recuerdos de sus antepasados, que les parecían visitar en los sueños o en los recuerdos, lo hacían presuponer que una vida futura debería reunir a todos. Los siglos pasaron sin que no obstante, el ser humano consiguiese atravesar la frontera de la muerte sin temor y sobresaltos.
La espiritualidad permanecía como una conquista siempre transfería para después, un viaje sin vuelta o una tierra que se compraba con promesas, lamentaciones o indulgencias. El camino de Jesús por la Tierra trazó rumbos, comprobó la inmortalidad, estableció la comunión con el Padre, dialogó con los Espíritus y reveló los goces de la vida futura. El Hombre, persistió, sin embargo, en los desvíos irresponsables, prefiriendo las ventajas que la Tierra y las conquistas materiales le permitían poseer. En los días de hoy las palabras del Cristo de nuevo resuenan en las páginas del Consolador prometido. La “Patria del Evangelio” se yergue revelándose como el gran “portal de la Espiritualidad” para insistir con el Hombre que Dios existe, que la vida continúa, que somos espíritus inmortales, que en la Casa del Señor hay muchas moradas donde nuestros entes queridos nos aguardan y que este mundo y el “otro” se relacionaban en un vaivén de interferencias múltiples.
La misma doctrina de Cristo, ahora codificada por Kardec, nos expuso, al lado de los cánticos de la Buena Nueva, la fe razonada, permitiendo la constatación del fenómeno espiritual con los paradigmas de una “nueva ciencia”. La espiritualidad, cuando es evaluada científicamente, tropieza, sin embargo, en una serie de dificultades. Primero su propio concepto después, su distinción de religión y misticismo. La religión implica una organización institucional con una mayor o menos participación del individuo. En las religiones tradicionales son prescritos creencias, dogmas, rituales, prácticas litúrgicas y compromisos sociales con la institución. La exploración de la espiritualidad e históricamente una práctica común a las religiones, que se aprovechan de algunos conceptos que son compartidos entre ambos: la relación trascendente con Dios (una “fuerza suprema” o una “energía universal”) y la veneración por aquello que es tenido como sagrado. La dimensión espiritual implícita en la naturaleza humana es aceptada por unos más, por otros no, y aquello que permite a alguien tener acceso a esta dimensión, no tendrá ningún significado para aquel que no admite su existencia.
Cada individuo puede ser caracterizado por su religiosidad, sus creencias particulares y prácticas relativas a su religión, sin, no obstante, mantener un vínculo estrecho con la espiritualidad. La vivencia espiritual comúnmente es una experiencia subjetiva, individual, particular, que algunas veces puede ser compartida con los otros. Algunas personas experimentan su espiritualidad como un asunto altamente personal y privado, enfocando elementos intangibles que los suplen de vitalidad y gran significado en sus vidas. La espiritualidad no envuelve la religión necesariamente. Cada persona define su espiritualidad particularmente. Ella debe ser vista como un atributo del individuo dentro de un concepto complejo y multidimensional. Posiblemente tiene alguna cosa que ver con el carácter, con la personalidad y con la cultura. Para unos, la espiritualización se manifiesta o es vivida en un momento de ganancias materiales placenteras tan simple como, pisar en el césped descalzo o caminar por la noche solitario, para otros, será un momento de contemplación, de meditación, una reflexión profunda sobre el sentido de la vida, una sensación de íntima conexión con lo que piensa amar o un contacto psíquico con seres espirituales. Podemos percibir que la espiritualidad se manifiesta en tres dominios por los cuales podemos sistematizar su evaluación con criterios científicos: los dominios de la “práctica”, de las “creencias” y el de la propia “experiencia espiritual”.
En la “práctica”, cuando se ejercita la contemplación, la meditación, la oración o una actividad de culto religioso. El dominio de las “creencias” espirituales varía con la cultura de los pueblos e incluir la creencia en la existencia de Dios, del Alma, de la vida después de la muerte y de la realidad de la dimensión espiritual para más allá de nuestro conocimiento sensorial e intelectual. Por fin, en el dominio de “experiencia espiritual” hay una serie enorme de situaciones que parecen sugerir contacto directo con la espiritualidad. Se incluye aquí, por ejemplo, aquellas vivencias rutinarias, representadas por el encuentro íntimo y personal que cada uno hace con lo trascendente y lo sagrado y aquellos otros cuadros frecuentemente más dramáticos, casi siempre súbitos, acompañados de una fuerte transformación personal que siguen a un acontecimiento psíquico marcado en la vida. Pero significativos aun, se incluyen, entre otros, los relatos de experiencias de casi muerte (near death experience) y las proyecciones fuera del cuerpo físico (out of body experience) en los cuales, el individuo transita con su consciencia por otras dimensiones, viviendo la plenitud de la vida espiritual.
En Brasil, podemos afirmar que, en términos de “experiencia espiritual”, nada supera la mediumnidad. Entre nosotros, parece que la espiritualidad convive dentro de casa dirigiendo cada paso de nuestras vidas. Por nuestros médiums los recados del otro lado han sido tan frecuentes que las puertas de la muerte no aíslan más nuestro contacto con los que más amamos. Estamos delante de un “campo de experimentación” extraordinario donde es habitual la comprobación de la intercomunicación entre nosotros y el “otro lado de la vida”. Cualquier científico sin preconcepto puede sistematizar sus observaciones dentro de los tres dominios que presentamos para el análisis de la espiritualidad y confirmar que en la “practica”, en las creencias y en las “experiencias espirituales” en sus varios matices, toda la espiritualidad se manifiesta, revelando la centella divina e inmortal que habita en todos nosotros.
Núbor Orlando Facure, es médico neurocirujano y espírita. Director del Instituto de Campinas – San Pablo, ex Profesor Catedrático de Neurocirugía de la Unicamp (Universidad de Campinas), escritor y expositor espírita, fue entrevistado en exclusiva en Brasil por el Periódico de Espiritismo en el Instituto del Cerebro que dirige desde 1987. Centro Virtual de Divulgación y Estudio del Espiritismo 1998-2006| CVDEE Con este mensaje electrónico Siguen muchas vibraciones de paz y amor Para usted. Mensaje traducido por ISABEL PORRAS-España- 13.12.2011 Joao Cabral
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